María Paz Levinson
Nació en 1978 en San Carlos de Bariloche. Publicó Ojos o Luces (1999), Blume (2001) y una traducción de El Bailarín de Hilda Doolittle (2000) en Ediciones Deldiego, Un catálogo de todo lo que hay (2006) en Gog y Magog y Cartas a Cactus, Ediciones Belleza y Felicidad (2008). paz.levinson@gmail.com y también en el blog: inventariodeunavitrina.blogspot.com
El trabajo del día
Nos llevó a los tres por el campo en diagonal
hasta la estancia “El Cóndor” donde hay un arreglo con el capataz.
La estancia tiene construcciones de techos rojos
en medio del desierto donde los pocos árboles que se ven
crecen alrededor de un hilo de agua, galpones, establos,
corrales redondos como relojes de sol gigantes,
una estaca en el medio y la casa del estanciero en la loma.
El galpón de la esquila es lo primero que nos hace conocer,
como si tuviéramos que dar un examen sobre la producción lanera
antes de empezar el trabajo del día.
La luz se filtra entre los tablones, difusa ilumina
pedazos de lana incrustados en maderas astilladas
como las plantas parásito crecen en troncos de árboles.
La temporada de la esquila ya pasó, todo parece quieto,
ratones escondidos en ranuras y el olor a lana en todas partes,
prensas, empaquetadoras, puertas del tamaño de una oveja,
y las estrellas de la línea de la esquila:
las tijeras con filo rústico, grises y grandes
arrastrando el chiste seguro de tusar a las chicas de pelo largo.
También hay tijeras modernas mucho más rápidas
que dejan a los animales recortados con la prolijidad de la electricidad.
Sólo después de ese recorrido, más allá de la manga,
vemos la montaña de abono y entendemos el objetivo cuando reparten las palas.
Él nos mira y dirige el trabajo que no puede hacer por la ciática,
nos alcanza las bolsas de arpillera vacías y después las vamos llenando
hasta que quedan como almohadas hinchadas,
eso lo hacemos, primero, un poco torpes,
pero a la quinta bolsa sistematizamos el trabajo.
De repente algo sucede, cuatro o cinco cóndores giran en el cielo,
los cuatro nos quedamos mirando y de paso haciendo una pausa justificada,
mi hermana con la pala clavada en la montaña de mierda y tierra
el viejo aprovecha, trae una cerveza medio tibia, la abre con un cuchillo,
la espuma se derrama y tiene que correrse para atrás puteando.
El trabajo lo resolvimos con más de veinte bolsas
para el hombre que se contenta en hacer
el dinero del día: vender un kilo de nueces,
una botella de vino, una bolsa de higos y así con las pequeñas
diferencias de la compra y venta va a la despensa
compra la cena, va al locutorio y escribe un mail:
estoy contento, hoy vendí tierra y miel.
El momento era subir
Las noches de nieve eran divertidas
subir la cuesta con los esquíes en la mano
para tirarnos y llegar rápido hasta la ruta de abajo,
lo hacíamos en la noche hasta cansarnos,
y así llegábamos al fondo del invierno.
Cada tanto autos en ambas direcciones
cruzando la noche muy despacio con vidrios de hielo
la nieve se veía anaranjada
las casas se iban apagando.
Llenábamos las petacas con un licor fuerte
era de guindas y estaba en un mueble oscuro,
el botellón como una gota de sangre gigante
y así llegábamos al fondo del invierno.
Agua
Mi papá como hijos tiene historias,
mi mamá tuvo hijos y después tuvo hijos adoptivos,
gatas y miles de hijos planta.
El agua cae, cada hoja tiene un sonido.
Con los ojos cerrados,
al final del verano
voy a poder distinguir cuál de las plantas estoy regando
como cuando alguien llama por teléfono cada tanto
y el timbre de la voz se graba en algún lugar de la mente.
Tres pinos
El bosque de tres pinos viejos y exóticos lo talaron al ras
el vecino nuevo quería más sol.
Entre esos árboles el perro negro dormía.
Cuando vinieron a talarlos, mi mamá
corrió desesperada a juntar las piñas.
Ahora es un pequeño cementerio de bosque
cuando era chica enterré por ahí una lata secreta
y no puedo acordarme qué puse adentro.
Son tres pinos cortados al ras.
Tres pinos cortados al ras.
Sólo tres pinos cortados al ras.
Una visita
Sentada en casa la ventana se abre sola
entra algo que veo crecer
hacia los objetos desordenados:
ropa, libros, papeles
cosas que se van cerrando
como novelas televisivas por temporadas.
Los perros cruzan el puente colgante,
la corriente es fuerte, clara y helada.
Sentada en casa, tocan el timbre por equivocación.
Descuido
De repente te detuviste y
compraste tres duraznos
en una verdulería de un barrio cualquiera
tocaste las frutas, el color era hermoso
tenía zonas amarillas y el degradé llegaba al rojo oscuro
muy suaves en su punto
cuando las probaste se te transformó la cara
y disfrutaste de esa carne fresca
los vendedores eran dos
una mujer y un hombre
estaban inclinados sobre un recipiente
pelaban zanahorias y se miraban
interrumpiste la escena para comprar los frutos
y ellos lentamente reaccionaron
cuando les pediste que los laven
no podías esperar a llegar a casa
te gustó pensar que todas las frutas de esa verdulería
eran así de dulces y sabrosas
porque estaban contagiadas de la piel suave,
de la carne que no quiere descansar.
Olvidaste un durazno en mi casa
por alguna razón éramos dos
pero vos compraste tres.



