Leandro Selén
Nació en el barrio porteño de La Boca el 7 de Mayo de 1972. De profesión periodista y docente. Se calza el saco y la corbata y durante la mañana escribe notas de economía en la agencia Diarios y Noticias (DyN). Por las tardes se levanta de la siesta y escribe poemas, o da clases de periodismo en la Universidad de Lomas de Zamora. Desde hace seis años, modela sus escritos gracias a la inagotable paciencia de su maestro Fernando Molle.
SANDOKAN (Fragmento)
Sapos esparcidos
al costado del camino
escoltan
el paseo nocturno
por el Riachuelo
detrás de los paredones
de las curtiembres
en los senderos
delineados por caracoles
se siente como una lengua
la tierra cobijando
los pies que la transitan
por momentos
se hunden
para después
deslizarse
y volver
a estancarse
bajo estrellas gastadas
de sudor de chimeneas
enmarcadas en un cuadro
que nos tiene de rehenes
deambulando
frenéticamente
por las acerías
y los remolcadores
entre latas de congoja
y salpicaduras de olores
ablanda vientres
en charcos de cobre
sin permiso
una tras otra
las lanchas
en voz bajita
casi fantasmas
sin tripulantes
vista agudiza
sin distinguir
más que la humedad
de los adoquines
pegajosos
y una barrera
rota
sin promesas
ni vanidades
sola con su riel
debate la consecuencia
que tendrá
para sus cimientes
lo perdurable
de esa relación
en el tiempo
atrás hay pasto
y tachos con
petróleo muerto
canaletas extramuros
llevan alivio
a las hojas secas
regándolas
de amoníaco
fogatas encienden
para escapar
a la noche
vagabundos
bandoleros
y vendedores
comparten horas
confesionario
del fuego
sin darse cuenta
ni las gracias
colonos de una tierra
nunca prometida
hacen planes
de expansión
territorial
más allá del hediondo
batir de las aguas
apelmazadas
mascando brea
para blanquear
los dientes
adelante hay un puente
cerrado por siempre
forrado de yuyos
y óxido voraz
maderas del piso
se parten a la vista
y el viento
cada tanto
aparta alguna
para alimentar
empastadas bocas
que se abren
en el inmenso
fétido canal
mercenario cazador
de naves parias
bajo los hierros
que corren
de orilla a orilla
nace una familia
acéfala de clubes,
shoppings
y de cable módem
indios del riachuelo
aborígenes sin descubrir
más bien extraviados
de los cuadernos de bitácora
matean el tiempo
acompañandose
de tortillas hechas
de maíz pisado y agua
SOUVENIR I
De mi vida
no recuerdo nada
salvo profundos
momentos de silencio
prolongado con la vista
fija en un horizonte
sin fin
Tardes cálidas
con olor jabonoso
en un ambiente
de madera adosado
a la casa originalmente
construida sin él
Una ventana
con mirada extraviada
en una estepa
que amagaba con traer
desconocidos invitados a cenar
Un cielo sin nubes
no dejaba imaginar
más que un mar invertido
pero suficiente
para donde no hay ríos
Un horizonte
donde el sol no salía
ni se ponía
solo señalaba que el mundo
seguía más allá
Un suelo sin escollos
ni grietas que permitieran
dibujar signos
en su planicie incolora
Un paisaje vacío
parecido a una pared
ganada por la humedad
y envejecida de golpe
Una brisa esperada
que nunca aparecía
me dejaba con la sensación
de no saber lo que es el viento
Una lluvia contada
interminables relatos
amenizaban mis noches
sin poder llegar a verla
jamás caer en el jardín
Una ruta tan lejana
como mi idea de un lugar
de donde venían
paquetes importantes
a veces
Un jardín con flores
que morían cada invierno
y dejaban en las tardes
un tendal de tristeza
iluminando mi cuarto
Un pañuelo recostado
en un palo como cábala
envejecía resignado
a que la suerte
no pasaría por la casa
Unas piedras
tan angustiosamente
aletargadas esperaban
la patada para salir
a conocer el mundo
Una pala agujereada
con un sombrero en el mango
un espantapájaros jubilado
por falta de trabajo
Una sequedad del alma
sin compañía
más que la de un árbol viejo
despidiéndose de a poco
y no recuerdo más nada
SOUVENIR II (Fragmentos)
La guitarra de mi padre
sonando
hasta la última piedra conocida
El miedo de lo que estaría
a la vuelta del siguiente cerro
La noche a la intemperie
con mi madre sin guitarra
Solos en el mundo
me desperté para siempre
La arena
en las medias
raspando mis talones
Otra noche
dolió menos
soñar que era feliz
Otro día
sin sentir
los pies ni la arena
La llegada a una casa
o algo así
y esta vez
bajo un techo
Quedarnos muchos días más
y otras tantas noches
durmiendo con la desconfianza
de haber encontrado un hogar
- – - – -
Cuando el olor
a cebolla me hartaba
salía de la casa
daba unos pasos
me recostaba en el pasto
y me lo sacaba
Después pensaba
que iba a trabajar
en una fábrica de barcos
- – - – -
Con mi madre
a buscar
todo el tiempo algo
que nunca estaba
- – - – -
Nunca venía nadie
no había vecinos
solo algunas veces
un señor
muy a los lejos
con su caballo
y unos perros
Cada vez que lo veía
me prometía
que la próxima vez
iba a salir corriendo a verlo
- – - – -
Un golpeteo incesante
en la oscuridad
de todavía la noche
levantarme a buscarla
En el camino
el tropiezo
y rodar unos metros
hasta el río en la casa
Gatear entre las olas
hasta que la mano
de mi madre
Envuelto en una toalla
mirar barrer el agua
poner un balde
debajo del techo
por donde la lluvia
- – - – -
La primera lluvia
desde el arribo
ya me había olvidado
La tormenta
descompone todo
desde las ventanas
- – - – -
El agua congelada
en las mangueras
Salir con el viento
cortando la cara
a golpearlas hasta aflojar
Esperar al sol
para bañarse
- – - – -
Cuando el frío mas frío
la casa y el campo blancos
Pegado al vidrio
ese mar quieto
Horas contemplando
SOLO BIEN SE LAME (Fragmento)
Fuego de cañas secas
crepúsculo atomizado
bien al fondo del azul
después del blanco sembrado
mi corazón seco al sol
que enceguece desde el agua
entibia atardecer frío
de península mental
Al mar van las pesadillas
dentro de un saco de huesos
cargado por unas noches
en plan de escape sin norte
cae, saluda y se hunde
burbujeante sumergida
exhausto sobre las piedras
silencio de fin del mundo
Supuración de mi alma
aturdida de escuchar
respiración del vidrio
de los ojos que quedaron
aplastados con la risa
aunque el resto del dolor
se comiera nuestras jaulas
Ojalillos hacen mar
cubriendo la estepa negra
el sol tropieza en el fondo
y anochece mi ilusión
silencio consolador
aullido desesperado
agujas cosen mi espalda
EL IMPENETRABLE
Cae la tarde y los troncos
el sudor resbala el hacha
desnudas manos desolladas
de torpes son enemigas.
Aburridos caballos en sudor
(rezumados en letargo)
ven llegar el hacha impávidos
cómoda incrusta en garganta
desploma percherón pardo.
Mano capataz en hacha
mirada en manos buscando
vacías entre peonada
Lengua que raspa el aire
temblor de dolor en cuerpo
cabeza apoyada en tronco
hacha hundida en la corteza
En el suelo está la oreja.



