Fernanda Nicolini
Nació en 1979. Hasta los 18 años vivió en la ciudad balnearia de Mar del Plata. Publicó las plaquetas Rubia (Zorra Poesía) y Once (Color Pastel) y el libro Ruta 2 (Gog y Magog, Bs. As. 2008). Escribe en el blog www.autobombo.blogspot.com Actualmente vive en Buenos Aires y trabaja como periodista.
De Ruta 2
1.
hay que dejar la casa de doce habitaciones antes
de que empiece el verano y ensayar la obra de la familia feliz
que puede acomodarse en dos ambientes
hasta el fin de la temporada
ya sabemos: otra familia va a usar nuestra vajilla
vienen con mayordomo pero a la mujer no le gusta
el empapelado de la habitación en suite
papá hizo cuatrocientos kilómetros durante dos años
lo veíamos los fines de semana
ya lo olvidamos y qué risa cuando te cuento que mi hermana
lloró en su cumpleaños de nueve
odiaba la torta con crema y nadie entraba en el living de turistas
ni una sola amiguita en el barrio en el que no vive nadie
mejor no pensar quién usa las sábanas esta noche cuando
la escena está montada para que vos gires de un lado a otro
sin reconocer cuál es tu casa.
2.
divido los inviernos en dos: el que nevó y el resto
el agua siempe gris de mayo a octubre las medias
no cubren las piernas cuando todavía es de noche
tengo que caminar hasta el colegio de la loma
sin corbata la tuya negra a rayas como de mafioso
y las teorías de la vida ascética escritas en un papel se arrugan
en el bolsillo del saco del mismo costado del que doblás el brazo
para entrar acompañado a una fiesta.
3.
se dispara la imagen y suena una canción
son los 80 cuando veía la ropa colgada de la soga
y pensaba que las casas se hacían casas por la ropa
el día que desapareció la malla a flores
mamá con un broche en cada mano
dijo que los turistas nos daban de comer
y los consagró santos.
8.
volví a la ruta pero de tarde
no son álamos ni abedules
la luz se cuela a la hora de las fotos y
no es lo mismo hablar de autos
o de la infancia reventada por el fracaso de otros
y que me pongas
la mano cuando acelero con miedo
hoy veo el pasto naranja y el reflejo
metalizado de los que regresan
me digo: no voy a revelar operaciones mentales
de un ahogo que se impone
y no te hagas
no sabía que iba a escribir de esto.
10.
a nosotros que nos hace felices un plato de sushi pagado por el hijo del
embajador que mira la etiqueta del vino y calcula cuánto le cuestan
unas líneas simpáticas en la revista política sin que se mencionen las
gotas de transpiración que caen más ágiles que sus respuestas
calma: todo bien
terminado
hubo plata y tiempo para irse de vacaciones pero te dormís
me duermo
y en el minuto previo a la vigilia despunta
la certeza como una tijera que no sirve ni siquiera para cortar ese
lugar en el que no soy novia ni amante sino más bien
una profesional de la evocación
el mismo oficio de pensar:
las palabras del que ya no me toca alcanzan
porque alguna vez me prometió un fin de semana en la costa.
17.
la espalda vencida por el peso
acá le dicen metro y la ciudad ahuecada se parece a cualquier otra hasta que
alguno de nosotros habla: las palabras los asustan
somos los que venimos a quitarles el trabajo.
afuera los edificios imponen una historia conocida
ideal para cada una de estas fotos
hay que sentarse en la catedral hoy que es gratis y escuchar
la misa que repite por mi culpa por mi culpa
las calles de piedra con casas encimadas tienen sentido si te las cuento
debería ser en una carta pero ya no se mandan
no hay romanticismo posible cuando el viaje
se convierte en el lugar común de la huida y vos pedís que te escriba largo
como si el número de líneas nos hiciera más reales
en las montañas que se ven desde los suburbios empieza a nevar
y no es una imagen: las casas son siempre de otros.



