Diego Carballar

carballar

Nació en Adrogué en 1971.
Editó las plaquetas Tigresa (Color Pastel, 2008), Viaje a la pantera (Crudo Ediciones, 2006), La chica (terrible poesía, 2005).
Poesías suyas fueron publicadas en El interpretador, Revista Atmósfera,  No-Retornable,  Plebella  y 2Obras.
Editorial Vox publicará su primer libro de poemas La rojita.
Administra el blog: punkipelus.blogspot.com

de Misiones

Sol de la tierra, y más arriba el cielo,
hace imagen de la verdad que enceguece al gurí:
la provincia es un caño abierto,
una flor de la zanja
-ni los pájaros cantan cuando hace tanto calor.
El sol arde
y el sol es Dios.
El Estado en la tierra no puede ser sino
fuego-al rojo hierro
por su palabra debe herir.
La estrella jurídica –la peor letra
le da a la piel la furia del Sol, Cielo.
¿O querés
vivir como las gitanas?
Dale al sol-fuego lo que merece: de la cuna
tu sombra-
el lado izquierdo, ponelo a la caricia
de la sombra de los pajaritos.
-La luz está hecha de fierro, Misiones.

En la tienda de santería venden un precioso santo-santa.
En el rayo del sol terrible: hace cosas de milagros,
desde las nubes. -Hace el día precioso
y trae de nuevo, otra vez
la claridad. Vive ebrio sin que lo acepten
salvo en los barrios más pesados
donde el ejército ni puede llevar
esas tanquetas viejas. Cuida
la espalda del muchacho que no ve bien
el camino. Y si muere
(si es que muere) lleva una luz para que respire,
hasta que el rey o la Reina
le arranque del sueño la costra
y limpie las algas del agua estancada.
A cinco pesos el muñeco-la muñeca
pasa de mano, toma la nave celestial
la nube-descanso de los aparecidos.

¡Endiablado ritmo de la vegetación blanda!
Automóviles, pájaros y calles peatonales
–el loquero, la comisaría
acaban como larvas
instantáneas que la basura amará,
y una flor podrida imita en la plaza.
Este lugar fabuloso cabe en el chicle que la
turista rusa mastica
por los bulevares atestados de mariposas selváticas.
Con la frialdad de un museo ajusta
el pañuelo rojo-rojísimo, corona
de su esqueleto más antiguo que las casas
construidas hace veinticinco años.
-Tiembla en el pánico dorado de la tarde
la moralidad del tutti-fruti, entre los dientes
lleva el perfume internacional de las culturas y el turismo.

de Tigresa

Bosque conurbano

Hay un exceso imaginario que va de los árboles
de Provenza a Ezeiza,
el phantasma del sur. Un sueño:
lobisonas y degenerados del último vagón
histórico-estatal, colapsado en la nieve
(dice NIEVE porque blanco sobre blanco
la sangre enchastra)
y el cristal de las galerías rotas.
La bola de espejos chorrea la última propaganda
ilumina al cazador, al policía (¡herilo!)
en la sombra de la sombra del bosque quilmeño.
Ilumina el sueño (es tremendo) de reventar una carita.
Los parlantes agitan:
¿quién fue la primera que salió a recibir el chorro
de fantasía?
El exceso de historia existe
en el cosmos suburbano: el Camino Negro
-hay las mismas criaturas de la Pasionaria
y la Roja,
atrás del cementerio se levanta el espectro de la comisaría
y los camiones guardianes.
El exceso de golosinas da para alimentar
los campos imaginarios, teñidos de la bestia blanda
de la corporación Mac Donald’s.
Senderos de florcitas carnívoras, vacas lilas
liquidadas al exceso, a la madrugada
cargan los camiones.
Los que nacen y mueren todos los días
juegan el sobrante mundial del Tiroteo Celeste, hacen
una nueva comunidad, ¿digital?
en el locutorio imaginario. Princesas
japonesas chupan el pito del Loba, generales van
a la Última Guerra, llevados por los satélites mundiales.
Mi hija ya cuida el brote duro del cielo.
¿El exceso imaginario? ¿El gobierno
de la virgencita pudorosa agitando la Forma Católica?
Mientras, un cazador revisa las entrañas
del cuerpo judicial abatido.

Lírica del trono provincial

¿A quién llevan al Campo Santo esos en la última quema?
¿Al político careta?, ¿al cadáver romántico alemán?
Hace mal a los chicos:
¿a qué prenden y apagan su Ideal?, ¿tienen miedo?
¿En Mataderos?
El Poeta Romántico toma, y mira
al camión de ganado
vacuno: “al matadero van los desclasados.
¡Fiambres del mundo! están muertos, AY
qué manera de estarse muertos, dios
mío: levantale la pollera a los ángeles
con los que sueñan en la faena.
Movelos –porque van a morir, ni duros ni
frágiles, son tiernos-.
Aunque se castiguen toda la noche al cielo
y tengan las manos pesadas de achurar espíritus livianos”.
Se apaga una estrella en el cielo
o en la estancia encienden
una vela – la señora que limpia prende una vela
por la vida del hijito cansado.
La hija mira y toma
otra cosa, pero el vaivén del ciclo
la marea, la está matando.
En el extremo del campo, los baqueanos cósmicos
mastican el pasto, comen caracoles
y van a la playa a escuchar el silbido largo
del Atlántic-Sea Show, y una familia se apaga

en la montaña de cascaritas (caracoles)
en la mezcla del aire y las cristales saladas
se oye el Tributo a Angus Young, y la angustia joven
Agnus Dei.
¿Cómo hace ese chico al nadar
el giro impecable de irse,
si es un mundo él solo?
Romántica y Revolucionaria
hace una pausa por un ladrido de advertencia:
quema porque está quemada
en La Matanza, quemada por el sol
por la contabilidad y los archivos que no conoce.
Las diez mil familias de enero
se queman en la foto y un camión que pasa
a toda velocidad.
En el destartalado barullo de los neumáticos
carga con un suspiro el adagio post-bienestar:
el cadáver de la heladerita, los hocicos
de los novillos, al muelle, y el viento
pone los revoltijos de la noche
lentísima de todas las Clases, y ya no las deja dormir.