Carlos Godoy

godoy

Cordobés del ‘83. Coordina talleres literarios y colabora en diversas revistas de arte y literatura. Publicaciones: Prendas (Gog y Magog, Buenos Aires 2005), Escolástica Peronista Ilustrada (Funesiana, Buenos Aires 2007), La temporada de vizcachas (El niño Stanton, Buenos Aires 2009). También participó de las siguientes antologías: Espuma de rabia, plaqueta de poesía perra (La creciente, Córdoba 2003) y Última poesía argentina (En Danza, Buenos Aires 2008). Su blog: eledesubsistencia.com.ar

Un charco donde aguarda un oso blanco rechinando las mandíbulas

El loro se llamaba Lorenzo.

Tuvo, como todos,
oportunidades que no aprovechó
y un sueño siempre fresco e intacto
por el que luchar.

Cuando Celina cayó del árbol y se rompió la espalda,
enmudeció y una semana después
marchó a su lado por el sendero de la plegaria.

El loro repetía:

¿Siempre habrá alguien dispuesto a salvar al pueblo?

El loro repetía:

¿Y si una madrugada alguién deja un pico abierto
y se te mojan los libros
y los tenés que arrastrar por las escaleras a la terraza,
a ver si secan, sin que nadie vea que te caen lágrimas?

Ya no me perforo la piel con espinas antes de la caza
prefiero otras cosas, otros lugares.

Un amigo puede huir a Mexico con tu ex
o podés quedarte solo en una ciudad nueva
dos meses, sin casa y con un trabajo silencioso
y frío.

¿Cuándo ganaré ese concurso
en el que participo todos los años?
(ya me caduca la edad)

El loro repetía:

Tu vida es un charco donde aguarda
un oso blanco rechinando las mandíbulas

El ponja repetía:

Navegar.

Lo que mas me gusta es limpiar los depósitos

La historia tiene su propio y autonomo pensamiento:

no hace falta buscar pruebas.

Primero: la información no es lo que vuelve estúpida a la gente,
la voz de mi conciencia me dijo que lo hace la familia,
y la otra noche me dijo que el exilio es el único modo de estar desnudo
y de pensar con la intermitencia luminica de escritor.

Soy fácil de rescatar, lo sé.

Por eso duermo poco y salgo en cuero a tomar aire frío a la terraza

por eso es que leo a los homosexuales
que cada vez escriben mejor y festejo algún verso de puño que se les parezca.

Segundo: me cansé de muchas cosas, se podría decir que estoy cansado.
La voz de mi conciencia siempre dice

que la mente es un depósito oscuro y extenso con árboles en los estantes.

¿Quién desató esta guerra?

Hoy, mientras limpiaba un depósito, pensaba en eso.

Lo bueno es que no desespero, me siento en la computadora a comer galletitas:

se perfectamente que dominar el mundo luego de la masacre
será cuestión de cocer y cantar.

Gracias por las cartas y las advertencias

Una guerra desplegada en el equipaje de un avión.

Un cisne sacude sus alas.
Un chino carga un poste en cada hombro y avanza.

El exilio interior es una carta que nunca llega,
la espera flotante sobre el sillón descascarado.

Hay viento
subimos a la terraza
y no sabemos bien que buscamos.
Pero podemos sentir el viento.

Y en nuestra mente: La inundación.
Fue una prueba, no se si la superé
pero en un momento quedé mirando al techo
y se me ocurrieron tantas cosas que fuí corriendo a la cama
para que el sueño las acomode y administre durante la siesta.

Ahora, hay un hombre solo en la oscuridad
hilando planes en la oscuridad
tejiendo venganza en la oscuridad
mientras todos piensan cualquier cosa.

Lo importante es esto:
la huida ejerce su valor
solo en el momento que se vuelve.

La muda agitación de la naturaleza

Un tipo,

que a la madrugada,
zurce su ropa en calzoncillos,
junto a la mesa sin levantar.

La vista panorámica
de una vida
desde el frasco
de una costurera.

Un tipo que fuma
y mira por la ventana.

Estuve desplegando las líneas
de unas teorías que explican cosas.

Y ví a un par de plantas morirse.

La soledad es peligrosa
para una mente que trabaja.

Que nada en lo sucesivo,
me haga volver a mi determinación.

Que el sol de mañana
haga brillar ese leño.

A veces, uno,
en el afán de no sentirse tan mal
termina haciendo que otros se sientan peor.

Hay cosas que tienen que pasar.

Siempre hay algo en la naturaleza que no nos beneficia

y a la vez, hay cosas en que no podemos demorar.

Un destello
en la zona crepuscular de la mente
y todo vuelve
al lugar donde seguimos ubicados.

Faunitas 53

Las últimas semanas estuvieron duras

y te extrañé mas de lo necesario.

Suelo escribirte cuando te extraño.

Veo como crecen los brotes
la natural dispersión de la materia que se expande.

Veo a mi madre con su camisón nuevo preparando cajas para encomiendas.
Habla sola, se da órdenes, se reta, se felicita:
lentamente aparece el nervio de la historia.

Veo una pila de sábanas sobre el sillón y un libro abierto boca abajo en la cima.

Ayer mientras hablábamos por teléfono revisé fotos viejas
en el baúl de mi padre.
Noté que siempre hay una edad que no tiene registro.
Que se ha perdido en el horizonte de nuestra historia
y no está en ningún lado.

El año pasado por esta época también te escribía poemas,
es que todo sigue el ritmo de las estaciones.

Veo un parlante desarmado sobre el escritorio y la caja
de herramientas abierta al lado.

Veo que hay dos escobas, una vieja para barrer el patio
una nueva para barrer adentro.

Todo se contamina si lo miramos dos veces. Es el problema de las relaciones,
de la literatura, de política.

Hay que tener coraje para gobernar este derrumbe.

Veo la bermuda que me hiciste con un pantalón inservible.

Veo el paico que semilló y ahora se extiende por todo el patio.

Veo a mi hermano en la cocina tocando canciones de los Beatles
con un cancionero nuevo al contrapunto de los ruidos de la tele encendida.

Faunitas 51

Con mi nena

nos gusta pasear
y que la gente nos vea.

Es mejor
cualquier teoría
al silencio.

Nos preparamos
juntos:
ella vestiditos
yo camisas
a cuadros
con el cuello carcomido
en los bordes
por el sudor y el roce.

Mi nena
una vez
abortó
de un padre
ejecutivo y calvo
y cuando vienen las pesadillas
me telefonea
a cualquier hora
y hace agujeros profundos
con agua hirviendo
en la nieve.

Ella siempre
tiene respuesta al frío
porque su madre
y su abuela le tejen
a dúo en la distancia:

las medias
que le van grandes
suelen ser para mí.

Yo le leo
cosas difíciles
antes de dormir,
las veces que estamos
juntos,
y le preparo
comidas de fonda
que nos hacen salir granos.

Mi nena
no se lava los dientes
porque dice
que nunca tuvo caries
y me habla
del bosque

(el lugar donde habitan
los hippies)

y de los juegos
y el fuego.

¿Con todos se frotará así?

Una día la ví descalza
en el barro de mi huerto
cosechando
lechugas y rabanitos.

¡Si viera como creció
la acelga!

Después,
cuando se fueron todos,
jugamos a los manguerazos.

Mi nena me dice:

ya vas a ver
que todo va a salir bien

y yo duermo
en casa de mi madre
en el sillón
y veo películas
de tiros
para que despierte el Ajax

que terse el músculo

que arda el junco.

Mi nena cose su ropa
y parcha la mía
toda mecánica
es un pensamiento

¿De que están hechos
los ángeles?

me pregunta

yo si ví a los ángeles

le digo

cuando atravesé
el jardín
bajo la lluvia.

Mi nena es el arco.

La mujer adormecida en el trigo.