Como decíamos ayer
“Cómo decíamos ayer”, dicen que fueron las primeras palabras que pronunció Fray Luis de León en su cátedra de la Universidad de Salamanca, al volver después de cuatro años de prisión por hereje. Acusado por la Inquisición de haber blasfemado a la Santa Iglesia, y, entre otras cosas, animarse a traducir a lenguas vulgares pasajes de la Biblia. Cuando pensé, hace unos tres años en subir este blog, y ponerle ESCATOLOGÍA PURA, fue porque sentía que si la escritura no ahondaba en las inmundicias, lo mismo que en lo apócrifo de la vida y la historia, iría a mi modo de ver, por el camino equivocado, al decir, de Carlos Droguett de “espaldas a la realidad” y yo había decidido apostar a lo contrario.
De ahí que no crea cuando se habla de lo hermético, lo críptico, o se entreguen manuales de instrucciones para abordar una obra literaria. Más bien sostengo, hacer una literatura ligada a las circunstancias, situada. Aprender a trabajar con los materiales de la realidad, los residuos del habla, las capas más profundas y superficiales de la condición humana, en todas sus variantes, con sus contradicciones y sus buenas o fallidas apuestas. Ése es el ejercicio en que pienso deberíamos empeñarnos. Ser capaces de trazar un proyecto de puente que aúne múltiples realidades. La literatura en sí misma es presuntuosa. De los escritores ni hablar. Hacer nada menos que eso, sé, con seguridad, me condenaría a volver sobre sí mismo un objeto cada vez más desconocido, cuando lo que se debe es hacerlo inteligible. “Escribo, luego el otro existe”, ya lo dijo Enrique Lihn. Entonces ahí vamos. Sin pretensiones. Sin obsecuencias. Sin concesiones. Sin subestimar a los posibles lectores. No hay nada peor que hacer de la vanidad un principio, cuando apenas es soportable como motivación. Tener un blog en muchas ocasiones tiene esa lamentable carga del ego. Decir quién soy y qué hago. El punto está, supongo, en que estas líneas consigan hacer la diferencia, y quede de manifiesto con creación, sensibilidad y autoexigencia que el esfuerzo valío la pena. Roberto Arlt, se imponía como meta el porvenir, asegurando: “El futuro será nuestro por prepotencia de trabajo”. Nada menos, vuelvo a decirme, una y otra vez. Que el espíritu de esa empresa se incline a mí favor.
Desde julio del 2007 que no posteaba nada.
Ese mes la página se cayó y por poco hasta nuestra Lanzallamas es atrapada por ese hoyo negro. Por esas mismas fechas entraba a imprenta mi libro Siberia, del que se dijeron algunas cosas, tuvimos un concurrido lanzamiento y me trajo nuevamente a las filas de los escritores editados. Las ganas de volver a estas páginas no eran pocas, pero sirvió para imponerme otro tipo de ejercicio, retomar lecturas pendientes, asentarme en un nuevo trabajo, irnos de visita a casa de mi hermano a Concepción, empezar a dibujar otro libro, cerrar mis Poemas en El Yeco luego del último verano en la costa, cumplí 33 años, y entendí que la vida inevitablemente te impone cosas que, de alguna manera, te las esperas, pero no las llegas a descubrir si no hasta que te toca vivirlas. Creo que en estos versos expuse de mejor manera esto último y en eso me encuentro ahora:
“Jamás se planteó
mucho menos pudo llegar a imaginar
que pasado sus 30 años
tendría a una mujer a su lado
o estaría criando un adolescente al que despierta
en las mañanas
y le recuerda que debe leer un libro para el colegio
Casi con la misma insistencia que le dice
no se pasee descalzo por la casa
o barra las hojas del patio cuando pueda.
Jamás se planteó
ni mucho menos pudo haber imaginado que tanto
silencio
como un amable paréntesis en su vida
le asemejaría
en ese momento
y en ese lugar
a un antiguo monje zen
esperando llegue el fin del mundo”.
Sean todos bienvenidos. Cómo decíamos ayer, a esta Escatología.
Posted on Marzo 14th, 2008 por Roberto
Filed under: Anotaciones

Todavía está en construcción esta cosa.
FIRE FIRE
DALE MAS GASOLINA!
Sí, hermano, es cierto, este blog tiene como destino encontrarse siempre work in progress.
Vale, y le daremos más gasolina, como dice la hermosa canción.
R.
También hay otra canción muy bonita, que dice algo parecido: “apaga el fuego con combustible”.