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La cola perdida de Zoe

Describir situaciones cotidianas
es pensar en cosas simples:
Un auto, una mujer, un hijo
Un hombre maneja por la autopista a Buín
A cuarenta y cinco minutos de casa
Llevan a sepultar a su mascota
Pet cementery
Zoe murió en el sueño:
La imagen de su cabeza recostada
con el hocico entreabierto sobre una frazada
Zoe se fue en el sueño:
Estaba fría cuando despertamos
Seis ojos entristecidos recuerdan su cola
Que ya fue. Que no está. Ya nunca más.

Planta de la insistencia

Planta del jardín
Con las raíces en el cemento
Sostienes con insistencia
Las formas de la sobrevivencia
¡No te dejes caer en tentación!

Poema 1

 

A los endeudados se les nota en la cara
Por sus calillas viven al tres y al cuatro
Tienen mal aliento
Úlceras que les perforan el alma
Dejan de cortarse las uñas
Les crece la barba dispareja
No tienen para teñirse el pelo
Se enojan por cualquier cosa
Un fuerte dolor de espalda los deja mirando el techo.
Mal alimentados/ ojerosos/ manejan sus autos del año.
Evitan contestar el teléfono
porque no saben cómo disculparse
Luego se excusan
y dan fechas de pago que mientras las dicen saben
no las cumplirán.

A los endeudados se les nota en el cuerpo
Van abandonando lentamente su vida sexual
Sin pan/ No hay cama
Dejaron de creer en la Clase Dominante
Así funciona la democracia:
agarra lo que puedas,
trata de mantenerlo
(Bukowski)

Los eternos endeudados
recuerdan el mar muy lejos
Olas que revientan
en el horizonte de sus mentes
Atardeceres atestados de bullicio.

Un asado en las alturas

En 1943 Pablo Neruda viajó al Cuzco, subió a Macchu Picchu, y ante la inmensidad de las ruinas, reconocidas por él como un ombligo de piedra, se dice habría exclamado: ¡Pero qué buen lugar para comerse un cordero al palo! Fuera de la ironía de Neruda, en 1950 publicará su libro Canto General, donde se incluye un apartado dedicado a esa experiencia ancestral. Muchos años después, mientras Los Jaivas se encontraban en Francia, motivados por el productor peruano, Daniel Camino, les habría sugerido realizaran una cantata inspirada en las ruinas peruanas. Luego entre giras y los múltiples conciertos en el exilio, Camino les entregará una copia a cada uno, y quizás hasta les mencionara –no es extraño encontrar analogías– que si Pink Floyd había tocado en Pompeya, porqué no hacerlo ellos en Macchu Picchu. La famosa opera rock con inspiración nerudiana, se concretará una vez que un ex integrante de Los Jaivas, Alberto Ledo junto a Eduardo Parra titularan el primer experimento como “Del Aire al Aire”, grabándolo en Villa Les Glycines, Chatenay-Malabry (Francia) en julio de 1980. Dando inicio así, a una de las placas más representativas y emblemáticas del grupo. Lo que sigue después, serían las tomas de un documental, producido por Canal 13 de Chile y Radio Televisión Peruana entre los días 9 y el 12 de septiembre de 1981, con la narración del escritor Mario Vargas Llosa. Lo que salió de esa aventura ya forma parte de los mismos enigmas de esas piedras incásicas, y no sería de extrañar que, mientras subían la enorme cuesta, con sus botas blancas, ponchos, guitarras, bajo, quenas y un piano de cola, alguno de los jóvenes músicos se haya preguntado, ¿tanta cuática para comerse un simple asado?

Trabajos inútiles

Temor a que persista la memoria
Duelo por no recordar los gestos que precisen
sin descripciones / los acercamientos
las formas breves buscando ser
muestras de un arte de la contemplación
Sólo bocetos de futuros recuerdos
que eviten naufragar en las razones.

La poesía
vista como el golpe de dos piedras bajo el agua
y quedarse oyendo su onda resonante
Puntos de fuga
Puntos ciegos
Un túnel dentro de un túnel.

Cuando la palabra ha subvertido lo real
Y el ejercicio de nombrar erosiona las cosas
(sin llamarlas por su nombre
sin repetir en detalles lo que fuimos)
te sientes llegando al fin de la tarea:
porque acaso habrás escrito en contrasentido
de las manecillas del reloj.

Raymond Carver

A 20 años del 02 de agosto de 1988.

“Sus poemas son la corriente espiritual de la que Carver extrajo sus cuentos”, señala su esposa Tess Gallagher en la nota que acompaña el libro. Hasta ahora los lectores hispanos sólo conocíamos dos libros de poesía de Raymond Carver -Bajo una luz marina (1990), Un nuevo sendero a la cascada (1993)- ambos por editorial Visor, más una que otra traducción peregrina en alguna revista bilingüe o en un extenso pero olvidado dossier del Diario Poesía argentino a mediados del ‘90. Es probable que por primera vez relatos y poemas se complementen, dejando aflorar situaciones comunes, se citen a sí mismos, en diálogos o líneas suspendidas en el tiempo extraño del universo carveriano. Para Tess “los poemas a menudo iluminan un aspecto emocional o biográfico apenas insinuado en un relato”. Con esa misma intención, la de unir definitivamente vida y obra, es que el año 2006, Jaime Priede con Bartleby Editores, reúne en un solo ejemplar su poesía completa, en un imprescindible volumen de nombre Todos nosotros, con 272 páginas tratando de convencernos que es en su poesía, donde Carver es “Ray”.

Bolaño inmortal

¿De qué viven los escritores?

Dispuesto a caminar desprevenido
me embriagué de calle
Yo y los Otros
como lo hiciera Wallraff
hundiéndome en la derrota de los hombres
La escena que me tocó en el reparto
no ha terminado de ajustarse con mi sombra.
Sentí agitarse el corazón en mis manos
y una cabeza llena de ideas dispersas
fue cercando un pavor a ras de piel
Pues,
si un revólver aparece en escena
debe ser disparado, escuchaba decir en ruso.
En el espejo de la distancia sólo veo
Espejismos del destino:
Lecciones de escritura
Ejercicios de estilo
Manuales de instrucciones
para hacer una carrera literaria
Chéjov de médico a escritor
Bolaño en el centro del texto halló la lepra
A Lihn entre sus papeles lo encontraron muerto
Millán el 2006 dejó la vida se lo fumara.
¿Cuánto ganan los escritores?,
decía falseando una pregunta Carver
Tienen que hacer muchas cosas para vivir
Fue su respuesta.

En esa parte de la calle Iván Cea me dispara
Caminando desprevenido
y la mirilla de su cámara hace un recorte en esa tarde
El ojo blindado que me has regalado
me mira mal, me mira mal.
Deberás seguir haciendo
otras cosas para vivir, pienso decir
Siempre fue demasiado tarde.

Carne de cañón

UNO. Carlos Droguett en el cuento “Un muerto en el atardecer” de 1935, escribe: Un muerto es siempre un pretexto para tanta cosa.

DOS. Siberia comienza con “Opinión pública: Paola ya no está como para confirmarlo. Pero también se lo escuché decir a doña Juani, lo dijo la señora Ninfa, lo repitió mi tía María, la Pilar, don Arturo, la señora Rosa Guzmán de la capilla, don Checho y la mamá del Jaime Ferrada. Luego vendría a confirmarlo don José Viterbo y la señora Mercedes, quienes camino del trabajo, notaron en la calle que llevaba al Colegio, la sangre regada alrededor de una caseta telefónica.
Fue el tema común a la hora del almuerzo y en la cola del pan por la tarde.
Mi abuela y mis tíos en Parral, también pensaron, por las facciones y ropas que llevaba el acribillado, debía tratarse de mi padre.
Tanta fue la conmoción que conseguimos el diario La Tercera y un ejemplar de la revista Solidaridad que publicaba la Vicaría.
Mis oídos de entonces, mis ojos de ayer, a partir de ese invierno de 1984, supieron que ya nunca más verían lo mismo.
Una ráfaga de balas borró mi realidad”.

TRES. Comuna de Macul. Lunes 02 de julio de 1984. Siendo las 23:30 horas, Enzo Muñoz Arévalo y Héctor Patricio Sobarzo Nuñez, se movilizaban en un vehículo por Avenida José Pedro Alessandri. Estacionaron el auto frente al conjunto habitacional Don Camilo, a pocos metros de la Rotonda de Departamental, bajándose el segundo a una cabina para hablar por teléfono. En ese momento aparecen numerosos vehículos con personal de la policía civil, quienes disparan contra Muñoz y detienen con vida a Sobarzo; lo introducen a un vehículo y más allá le disparan, tirándolo a la calle. Éste último tenía 31 años, era casado, padre de un hijo, profesor de Historia y Geografía en el liceo “Villa El Cobre”, escribía poesía, militaba en el MIR y era además presidente de la Agrupación de Profesionales Democráticos y participante activo del Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, CODEPU.

CUATRO. Santiago de Chile. 05 de julio de 1975. Una casa. Un departamento. Una oficina cualquiera de la capital. Un escritor y un periodista. O mejor: Carlos Droguett y un joven profesor de literatura conversando sobre libros, el Golpe de Estado y la resistencia política, mientras llueve por tres días seguidos sobre la ciudad. Ninguno de los dos sabe que esa será la última entrevista de Droguett en Chile. Ignacio Ossa, no sabe que un mes después de que consiga sacarlo del país, él será detenido por la policía secreta y su cadáver desnudo y martirizado, sin uñas y sin ojos, será rescatado de la morgue recién el día 22 de diciembre.
Jaime Ignacio Ossa Galdames era poeta, dramaturgo, académico de la Universidad Católica y encargado por el MIR de proteger al autor de Sesenta muertos en la escalera, Eloy, Patas de perro, Todas esas muertes. Droguett logra asilarse en Suiza junto a su familia a comienzos de septiembre de 1975. Alrededor de las 11.00 hrs., del día 20 de octubre de ese mismo año, seis agentes de la DINA –cinco hombres y una mujer– ingresan violentamente a la casa de Ossa, en calle Argentina # 9157, comuna de La Cisterna. Sólo se encuentran sus padres y José Moya Raurich, también militante del MIR, quien es atado e interrogado. Éste llegará cerca de las 12.00 hrs., e inmediatamente será golpeado, mientras trasladan a sus padres a otra pieza. Cuatro horas más tarde se llevarán a ambos jóvenes envueltos en frazadas y los suben a una camioneta. Sus familiares permanecerán cinco días retenidos e incomunicados en su propio hogar, convertido en una “ratonera” por los agentes militares. Testimonios de cercanos dicen que Ignacio Ossa fue torturado y se le vio durante días vomitar sangre en Villa Grimaldi. Sin embargo, un oficio militar señala que el detenido se habría arrojado a las ruedas de una camioneta policial, mientras era dirigido, supuestamente, al reconocimiento de una casa donde se escondía documentación subversiva: “Dio un salto hacia otro vehículo en marcha, siendo arrollado por éste con sus ruedas delanteras. El individuo falleció inmediatamente”, declara el informe suscrito por Manuel Contreras. Aunque no existen registros de accidentes de tránsito al menos en ese día, a esa hora, ni en esas intersecciones de Av. España.
Droguett, por su parte, en octubre de 1976 publicará en Palma de Mallorca un relato enrabiado y ofensivo sobre la Junta Militar, dedicado a su memoria. Se llama Sobre la ausencia. En Chile prácticamente nadie lo leyó, ni lo ha leído hasta ahora. Un relato alegórico, donde ante la solicitud de un Te Deum en la Catedral, el Obispo de turno se niega, y la iglesia revienta en sangre y excrecencias la ciudad. Algo así como el país entero.

CINCO. Eliodoro Hernández Astudillo es el verdadero nombre del “ñato Eloy”, natural de Chicureo, bandido que asolara los faldeos precordilleranos y los caminos de la zona central del país, a comienzos de la década del cuarenta. Año en que es acribillado por la policía. El mismo sujeto que la novela Eloy intenta recrear en sus últimas horas, una noche de julio de 1941, estando cercado en un fundo de Pirque por las luces de las linternas y las carabinas de quienes han venido a hacerle saldar sus cuentas con la justicia.
La última noche al borde de sí mismo.
Eloy está empañado, transparente, quebrado. Como un vacío por llenar, dolorosamente abierto, herido, se desangra, busca reconocerse. “Soy el abismo, cualquier abismo, todo el abismo”, dice, piensa, siente. Su existencia está constituida por esa herida, resume su permanencia, primero, entre las cuatro paredes de negro encierro, y ya al final en la oscura y vegetal humedad donde será fulminado. Y aunque se siente morir, está dispuesto a resistir la anunciada muerte: no la evita, va hacia ella. La nombra, la describe, la dimensiona con su rudimentario lenguaje. Es un hombre al acecho. Su memoria es prisionera de esa condena.
Cito: “Soy un bandido, se sonreía a veces para sí, tratando de comprender y abarcar su destino, un bandido sin alma y sin entrañas, un salteador infame (…) He muerto a muchos que ya no me acuerdo y mataré a muchos más todavía que no sé dónde andaban ni lo que hacen, ni lo que van a hacer, ni lo que les voy a hacer, soy malo, empedernido, repugnante y sanguinario, cada vez más cruel, cada día y a cada hora más perdido y hundido de sangre, dicen los diarios, la radio, el vecindario (…) Murmuraba aguijoneado por los recuerdos y se sentía desfallecer por eso, porque recordaba y si no recordaba se moría”.
La vida criminal fortalece su acción y logra perpetuarse con su violencia.
La violencia vista como una cláusula de muerte. Una cosmovisión no encontrada en otro lugar. Una forma de acercamiento, su espacio de intimidad, un vínculo ambiguo e inmediato con el otro. Cadenas. Cruces. Redes. La última posibilidad de definir su existencia. Esa es la fractura y también su imposible. Lleva pólvora en las venas.
Entonces lo que le queda es recordar sus muertes. Hacer un recuento de los muertos, de las vidas que se fueron. El calor, los gritos, la violencia, la sangre. “No estamos solos mientras recordamos”.
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Escribo para olvidar

No podría olvidar a mi viejo desarmando un cálefont para ir a vender sus partes a Franklin, por cobre, bronce y latas.
No podría olvidar las pestañas mojadas de mi hermano jugando al buzo en el lavamanos un verano a mediados del ’80.
No podría olvidar las manos de mi madre cortando y luego cosiendo tardes enteras el género comprado en Macul con Irarrázaval.
No podría olvidar los pelos vivos del canal fiscal en Parral.
No podría olvidar la foto del cuerpo acribillado de Patricio Sobarzo a metros de mi colegio.
No podría olvidar el perfil de mi amigo Pablo recortado con la nieve de un ventisquero en la Carretera Austral.
No podría olvidar la sonrisa de mi madre en esas fotos antiguas, felices los cuatro, en el Parque de Lota.
No podría olvidar mis lentes reflejados en la ventanilla de un bus, viajando sin destino, leyendo las historias de Maqroll el Gaviero.
No poría olvidar su delgadez extrema fumando en las ruinas de un cerro en Talcahuano. Siga leyendo…