RECADO
Cómo Carver quiso homenajear a Chéjov

A principios de 1987 me enviaron de la Editorial E.P. Dutton un ejemplar de Chekhov, la reciente biografía de Henry Troyat. Nada más recibir el libro dejé a un lado lo que estaba haciendo y me puse a leerlo. Recuerdo haber hecho una lectura muy seguida de este libro, dedicándole tardes enteras.
Al tercer o cuarto día, casi al final del libro, llegué a ese pasaje en que el médico que atendió a Chéjov en sus últimos días, el doctor Schwöhrer, uno de los médicos de Badenweiler, recibe la llamada de Olga Knipper Chéjov en la madrugada del 2 de julio de 1904. Es evidente que el fin del escritor está próximo. Sin hacer ningún comentario al respecto, Troyat cuenta que el doctor Schwöhrer ordenó que le subieran una botella de champán. Nadie lo había pedido, desde luego; se le ocurrió sin consultarlo. Esa breve muestra de inspiración me pareció una acción extraordinaria. Antes de saber cómo tirar del hilo, sentí que había ahí un relato esperándome (*). Escribí unas pocas frases, luego un par de páginas. ¿Cómo se ocurre al doctor Schwöhrer pedir una botella de de champán a aquellas horas en un balneario de Alemania? ¿Cómo llegó a la habitación y quién lo trajo? Dejé de escribir y seguí leyendo la biografía hasta el final.
Pero nada más terminar su lectura, volví al doctor Schwöhrer y el asunto del champán. Estaba muy interesado en todo aquello. Pero ¿qué era todo aquello? Lo único que tenía claro era que estaba ante la oportunidad, si lo hacía honestamente, de hacerle un homenaje a Chéjov, el escritor que tanto había significado para mí.
Intenté diez o doce formas distintas de empezar, una tras otra, pero no me convencían. Empecé entonces con la primera hemorragia que Chéjov sufre en público debido a la tuberculosis. Ocurrió en un restaurante en Moscú en compañía de su amigo y editor Suvorin. Luego vino la hospitalización y la escena con Tolstoi, el viaje con Olga a Badenweiler, el breve periodo de tiempo que pasaron juntos allí en el balneario, el joven camarero que aparece por dos veces en la habitación de Chéjov y, finalmente, el empresario de pompas fúnebres, que tampoco aparece en la biografía.
Al estar basado en hechos reales, el cuento no resultó fácil de escribir. No me podía desviar de lo que había ocurrido, ni quería hacerlo. Más que nada necesitaba la forma de insuflar vida a esos momentos apenas sugeridos o que no aparecían en la biografía. Finalmente, me di cuenta de que tenía que inventarlos dentro de los límites impuestos por la realidad. Cuando lo estaba escribiendo, sabía que iba a ser un cuento distinto a todos los que había escrito hasta entonces. Puedo decir que estoy satisfecho, y agradecido, ya que ambas cosas deber ir unidas.
* El cuento finalmente se llamó “Tres rosas amarillas”, y fue publicado bajo el título de igual nombre por Editorial Anagrama, Barcelona, 1989.
RAYMOND CARVER
En: The Best American Short Stories 1988, selección de Mark Helprin y Shannon Ravenel; Houghton, Mifflin, Boston, 1988. Texto traducido y compilado por Jaime Priede en el imprescindible libro misceláneo, Sin heroísmos, por favor, de Raymond Carver, Bartleby Editores, Madrid, 2005.
