“El Estado de la Unión”

Carta, 4 de Julio por Soto Román

Sr. Director,

Es raro acá.

He leído algunas de las obras de Heinrich Böll

y he visto todas las películas de Vietnam

que mi apabullado cerebro es capaz de tolerar.

Esto no tiene nada que ver con Berlín, 1945

ni con la caída de Saigón, 30 años más tarde.

(Aunque tal vez sería más adecuado

que dijera Ho Chi Mihn City).

No hay lágrimas de impotencia

a la sombra de silentes estatuas

angelicales de cementerio.

Ni evacuación masiva de diplomáticos

ni del personal que tenga el pasaporte “correcto”.

Todo lo contrario.

La bencina es barata

y las carreteras son amplias.

La gente marcha de madrugada

marcialmente e impávida

rumbo a sus trabajos,

llevando graciosamente

vasos plásticos de café

adornados con emblemas corporativos.

Los afroamericanos se siguen sentando

en los asientos posteriores del bus.

Una maldita costumbre que a pesar

de años y años de falsa abolición

aún no pueden abandonar.

Y el basketball, el baseball

el ice hockey y el football americano

despiertan las pasiones y

una cierta identidad moral

que me produce escalofríos.

En el aeropuerto de Atlanta

abundan el camuflaje y las botas.

Entre las maletas y el equipaje de mano

se distinguen bolsos verde oliva de lavandería,

bultos que parecen cadáveres que alguna mafia local

pretende hacer desaparecer.

Una azafata pide una ronda de aplausos

para los abnegados héroes

que después de una larga temporada en el infierno

regresan de una vez por todas a casa.

Vaya hogar.

Alguien ordena whisky y soda

para los muchachos

y la multitud canta y vitorea

por lo que ciertamente es

una misión bien cumplida.

Es el único momento en que

la verdad sale a flote:

Este es un país en fiesta.

Este es un país en guerra.

Los mercados minoristas gozan de buena salud.

No hay necesidad del trueque ni de economías alternativas

el modelo funciona en todo su esplendor.

Hay ofertones interesantes luego de cada feriado

que la gente espera con un fervor encomiable.

El día libre no está pensado para el relajo de los ciudadanos

muy por el contrario, el deber patriótico

de cada ser nacido en esta gloriosa tierra

es reactivar la economía.

Independence Day Sale.

Labor Day Sale.

Memorial Day Sale.

Presidents Day Sale.

Martin Luther King Day Sale.

Veteran’s Day Sale.

Consumo y patriotismo

dos putas que van de la mano

invitándonos al camino

de la perdición.

Brandon me contó que el día

en que cerraron Lehman Brothers

fue a pasar la mañana al Diner

ubicado justo al frente de la salida

de servicio de la Casa Matriz.

Entre sorbo y sorbo de un café agrio y oscuro,

más oscuro que todas las noches oscuras

de este maldito lugar,

observaba sonriente como los ejecutivos

abandonaban el edificio

escoltados por guardias de seguridad,

arrastrando con desgano

una caja con sus pertenencias,

con las corbatas y los rostros

descompuestos.

La broma no duró demasiado.

Lo que Brandon no observó

asomándose desde sus cajitas

era el cheque que llevaban en sus bolsillos.

Una indemnización más que justa

por el esfuerzo y los años de servicio.

Greg me cuenta que en South Philly

hay una High School

que divide a los alumnos por piso.

En el primero los blancos,

los afroamericanos en el segundo,

en el tercero los latinos

y los asiáticos en el cuarto.

Es la única manera efectiva

que tienen de evitar

el targeting y el bullying.

Y una que otra demanda

por cierto y las cuentas del hospital.

Que dios bendiga a America.

En las canciones chauvinistas.

En los stickers de los automóviles.

En los brazos tatuados

de los Rednecks.

Y en las tiendas de hotdogs

y cheesesteaks junto a un cartel

que reza con rabia y orgullo:

Speak English!

En el pantano de Ciudad Capital

los dólares y la palabras vacías

corren más rápido

que en las 500 millas de Indianápolis.

Pero podríamos estar mucho peor.

Con el ex combatiente, por ejemplo,

con la tiradora de Alaska.

Sí. Siempre es posible estar peor.

Pero haber sufrido la incompetencia

de tanto inválido mental

en tiempos pasados, ciertamente

no es excusa para la mediocridad.

La misma que hoy tiene a un golfo

tiznado y ensombrecido

llorando un luto eterno

de lentas lágrimas negras.

Tampoco se escuchan ya

los gritos desde las cárceles caribeñas

y los guardias todavía dejan

en los inodoros páginas del Corán

en vez de papel sanitario.

A quién le importa

cuándo es tan difícil gobernar.

Más bien se hace cuesta arriba

retribuir los favores concedidos.

Los financieros, los electorales.

El honor a la palabra empeñaba

es un bien escaso.

Lorca le reprochaba a Whitman

¿Es ésta la América que celebras?

Pronto será 4 de julio otra vez.

La celebración de la libertad.

El aniversario número 234

de esta tierra de valientes.

Seguramente los republicanos

saldrán a la calle a protestar

con sus gorritos de Boston tea party

y sus banderas gamadas.

Increpándole al flamante premio Nobel

la reforma de salud, los impuestos,

el entre comillas socialismo

y por supuesto, el color de su piel.

Lo ecologistas también estarán ahí

en la otra esquina

hablando de BP, del nuevo Katrina

y el golfo.

El resto de los ciudadanos

disfrutará del clima en el parque

haciendo picnic, mirando el desfile,

y los fuegos artificiales.

Los niños obesos

gastarán sus monedas

en banderitas, globos

pepsi y popsicles.

Los adolescentes saltarán al ritmo

de los Goo Goo Dolls

para después bostezar consternados

y marcharse a la calle South

a beber cerveza hasta el desmayo.

El resto estará viendo la televisión

encerrados en sus casas medio incendiadas

en Kabul South West Philly

o en Baghdad Kensington,

masticando pollo y papas fritas.

El resto es democracia.

Y así es cómo nos gusta.

Carlos Soto Román 

 

* “El estado de la unión” es parte de 3 poemas para el 4 de julio, escritos por Carlos Soto Román, Ryan Eckes y Greg Bem. Estos últimos viven y escriben en Filadelfia, la ciudad del amor fraternal, primera capital del imperio y lugar donde se firmó el acta de la independencia. En tanto Carlos Soto, es chileno, y está solo de paso en esa ciudad, cultivando malas juntas, como estos dos.


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