Literatura y política

Ensayo de Iván Cruz Osorio

libros-politica

Literatura y política, una relación orgánica

I

Los distintos mitos de la creación provenientes de distintas civilizaciones enumeran el paso de los dioses y de los hombres, algunas veces en comunión y otras tantas en conflicto. Tanto en el Enuma Elish (poema babilónico de la creación) como en Los trabajos y los días de Hesíodo y el Popol Vuh se narran los hechos de discordia, de trabajos y esfuerzos infortunados de los hombres y los dioses, se nombran desde entonces la avaricia, la estulticia, la iniquidad, la violencia que la humanidad generará en adelante.

La justicia, para ellos, estribará en la fuerza,
y los unos despoblarán las ciudades de los otros.
No habrá ningún reconocimiento
para el que respeta su juramento,
ni para el justo ni para el hombre de bien,
sino que tendrán en mayor honor
al que perpetra fechorías y al hombre
cuya persona es violencia;
la justicia estará en las manos, y no habrá respeto […]
Para los mortales quedarán dolores lastimeros,
Y no habrá remedio del mal.
(1)

La visión del hombre en este fragmento de Los trabajos y los días es la inquietante concepción que se tenía de la humanidad toda hacia el futuro, lo trágico es que esta visión es la más cercana a nuestras condiciones sociales de hoy en día. Bajo este entendido gran parte de la presente obra de Hesíodo sería un poema social y político al involucrar en sus temáticas visiones sobre la sociedad, los gobernantes y los dioses. De esta forma se puede afirmar que la literatura en el principio funcionaba como vehículo de las preocupaciones sociales y como narración de los hechos extraordinarios de una comunidad. Entonces nadie criticaba la autoridad que tenía Hesíodo para hablar por la sociedad o su calidad moral, ni se censurará si su poema se volvía un instrumento o un medio. Esto se explica porque la poesía era utilizada para hablar sobre los temas esenciales del hombre, así encontramos a poetas como Solón de Atenas (aprox. 660 a 560 a. C.), quien fue legislador y autor de la constitución que lleva su nombre, iniciador de la “poesía gnómica” o “sentenciosa” que consistía en la denuncia de la iniquidad, la búsqueda por la justicia social:

Mas destruir la gran ciudad, por su estulticia,
los mismos ciudadanos desean,
creyendo en las riquezas;
no sólo la injusta mente de jefes del pueblo, a quien toca
sufrir muchos dolores por su soberbia grande […]
pero en injustas obras creyendo, se enriquecen.
Ni de los bienes sacros ni en nada de los públicos
ahorrando, roban con rapiña, el uno, de aquí, de allá.
ni vigilan las bases santas de la Justicia […]
Enseñar esto a los atenienses, el alma me incita:
que el mal gobierno, males da a la ciudad muchísimos
(2)

Otro poeta griego de gran relevancia que llevó la política a su poesía fue Alceo de Lesbos (aprox. 630 a 550 a. C.), quien combatió en varias guerras y se opuso a las tiranías de Melancro, Mirsilo y Pítaco, reconocido por su preocupación formal, su lenguaje y amplia variedad métrica, específicamente celebrado mucho tiempo después por su estrofa alcaica por el gran poeta latino Horacio. El mismo Horacio en su Arte poética da una clasificación para un tipo de poesía que realizó Alceo, la llamada “poesía estasiótica” que es descrita como revolucionaria, sediciosa, partidista, guerrera y política, la cual según Manuel Rabanal Álvarez, uno de sus traductores al español, se ha perdido casi totalmente, a excepción de un puñado de fragmentos:

Himno a la pobreza

Oh, Pobreza, horrendo mal insoportable,
que oprimes duramente al pueblo
con la ayuda de tu hermana
la Impotencia…
(3)

En la muerte del tirano

Debemos emborracharnos.
Que beba todo el mundo
aunque no tenga sed.
Ahora que ha muerto Mirsilo.
(4)

Augurios Políticos

Este que trata de alcanzar la cumbre del poder,
Arruinará no tardando la ciudad.
Pero ella tiene la decisión en sus manos.
(5)

Desde luego, estamos frente a autores que se encontraban en la constitución de una identidad y una patria, de hecho dice Platón en La República que muchos griegos consideraban que Homero, creador de la Ilíada primer gran poema político y social, “ha formado a Grecia; que leyéndolo se aprende a gobernar y dirigir los negocios humanos, y que no puede hacerse cosa mejor que regirse por sus preceptos”. La relevancia de estos autores radicaba precisamente en la cercanía con la gente, se trataban temas históricos, políticos, sociales, que daban una perspectiva general de la historia, los valores, la filosofía e intereses de una nación vista a través de sus hombres más valerosos. Tanto Solón como Alceo trascendieron por su poesía eminentemente política, esto se explica porque, como dice Rubén Bonifaz Nuño: “El pueblo griego exigía un arte más próximo a la realidad del hombre, a su naturaleza al mismo tiempo tan caduca y endeble y tan colmada de ambiciones de grandeza y permanencia” (6).  De está forma la escritura de una poesía política resultaba una relación orgánica. Y en el caso específico de Homero, en muchos sentidos se volvió un padre de la patria griega. 
La construcción de Los Trabajos y los días y la Ilíada dieron a los griegos una posible identidad unificadora de dioses, valores, trabajos, intereses, para realizar una compresión de sus pasos sobre el mundo, bajo esta premisa entendemos que los autores estaban creando obras literarias (si bien de forma oral en la mayoría de los casos), que serían el alimento cultural de sus pueblos y que serían heredadas como tales a nuestra época.

 

II

América Latina es la región heredera de todas las culturas humanas que la precedieron, el encuentro entre aztecas, mayas, incas con españoles, derivó en una raza nueva, ávida de aprender y aprehender lo que los antecedió. Su literatura empezó desde que Cristóbal Colón escribía en su diario la grandeza de estas tierras, posteriormente la visión ominosa de Hernán Cortés y Pizarro en sus epístolas, para después encontrar oposición en los recuentos y testimonios de las matanzas de indígenas que describiera fray Bartolomé de las Casas (1474-1566) en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias:

Entraban en los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaran y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quien de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Hacían unas horcas largas que juntacen casi los pies a la tierra, y de trece en Trece, en honor y reverencia de nuestro Redentor y de los doce Apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. (7)

Desde entonces la denuncia se enraízo en nuestras letras; las iniquidades, el homicidio, no dejan de ser contadas, los testimonios escritos en náhuatl que describen la derrota de los aztecas y sus penurias posteriores, las cartas de denuncia y petición al Rey de los siglos XVI y XVII:

Muy alto y poderoso Rey y Señor nuestro:

Los señores y principales de los pueblos de esta Nueva España, de México y su comarca, vasallos y siervos de Vuestra Majestad, besamos los reales pies de Vuestra Majestad y con la debida humildad y acatamiento suplicamos y decimos que, por cuanto estamos muy necesitados del amparo y socorro de Vuestra Majestad, así nosotros como los que a cargo tenemos, por lo muchos agravios y molestias que recibimos de los españoles, por estar entre nosotros y nosotros entre ellos, y porque para el remedio de nuestras necesidades tenemos muy grande necesidad de una persona que sea protector nuestro. (8)

Posteriormente se estrecha relación con el acontecer social y político, así incluso antes de independizarse de España se buscaba la identidad de estos pueblos, y escritores como Francisco de Terrazas (1525?-1600?), Bernardo de Balvuena (1562-1627), el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), el jesuita Francisco Xavier Clavijero (1731-1787), Rafael Landivar (1731-1793), José Joaquín Olmedo (1780-1845), Andrés Bello (1781-1865), con sus obras Nuevo Mundo y Conquista, Grandeza Mexicana, Comentarios Reales, Historia Antigua de México, Rusticatio Mexicana, La victoria de Junín y Alocución a la Poesía, respectivamente, daban su respuesta. Por su parte Francisco de Terrazas en plena etapa colonial se duele de una patria dominada por los “extraños”, de esta forma distingue entre nativos e “hijos adoptivos” y a la vez denuncia que por este “disfavor” se extinguen los naturales de estas tierras:

Madrastra nos has sido rigurosa,
y dulce madre pía a los extraños,
con ellos de tus bienes generosa,
con nosotros repartes de tus daños.
Ingrata Patria, adiós, vive dichosa
con hijos adoptivos largos años,
que con tu disfavor, fiero, importuno,
consumiendo nos vamos uno a uno.
(9)

 

En el caso de Bernardo de Balbuena se exalta una región, en este caso México, capaz de provocar un canto propio, alejado de lo español:

México hermosura peregrina,
y altísimos ingenios de gran vuelo
por fuerza de astros o virtud divina;
al fin, si es la beldad parte de cielo,
México puede ser cielo del mundo,
Pues cría la mayor que goza el suelo.
¡Oh ciudad rica, pueblo sin segundo,
más lleno de tesoro y bellezas
que de peces y arena el mar profundo!
(10)

Tiempo después Andrés Bello decía que no era suficiente una independencia política, se necesitaba una independencia cultural, artística, literaria; así en 1823, él mismo en su poema Alocución a la poesía, en el primer número de Biblioteca Americana, señalaba la necesidad de crear una expresión poética propia de los pueblos americanos:

Divina poesía,
tú, de la soledad habitadora,
a consultar tus cantos enseñada
con el silencio de la selva umbría;
tú, a quien la verde gruta fue morada,
y el eco de los montes compañía;
tiempo es que dejes ya la culta Europa,
que tu nativa rustiquez desama,
y dirijas el vuelo adonde te abre
el mundo de Colón su grande escena.
(11)

En esta alocución a la poesía, Andrés Bello ya deja entrever su visión acerca del lenguaje, visión que se ceñía al cultivo y adelantamiento del idioma como base “de todos los adelantamientos intelectuales”; parafraseando a Rousseau afirmaba que “se forman las cabezas por las lenguas” y “los pensamientos se tiñen del color de los idiomas.” Es claro entonces que para Bello la poesía tenía como misión modelar el carácter del lenguaje americano, formar una identidad de lenguaje para la expresión de nuestras ideas. El contexto de las palabras de Andrés Bello es eminentemente político, y la necesidad de una expresión de lenguaje propia también forma parte de una necesidad política. La importancia de los poemas políticos y sociales que produjo Andrés Bello, como: La agricultura de la zona tórrida, A la disolución de Colombia, La Chacra, y Alocución a la poesía, que Pedro Henríquez Ureña lo reconocía como el orquestador de la independencia cultural de América y su poema Alocución a la poesía como la declaración de independencia espiritual y artística. Veamos un pasaje de este largo recorrido poético-histórico-político-social de Bello:

Pero más bella y grande resplandeces
en tu desolación, ¡oh patria de héroes!
tú que, lidiando altiva en la vanguardia
de la familia de Colón, la diste
de fe constante no excedido ejemplo;
y si en tu suelo desgarrado al choque
de destructivos terremotos, pudo
tremolarse algún tiempo la bandera
de los tiranos, en tus nobles hijos
viviste inexpugnable, de los hombres
y de los elementos vencedora.
Renacerás, renacerás ahora;
florecerán la paz y la abundancia
en tus talados campos; las divinas
Musas te harán favorecida estancia,
y cubrirán de rosas tus ruinas.
 (12)

 

Con Andrés Bello vendrían grandes escritores latinoamericanos que intentarían presentar una identidad, una visión política-histórica-social de la América hispana, las letras de Francisco de Miranda (1750-1816), Servando Teresa de Mier (1765-1827), Simón Rodríguez (1771-1854), Simón Bolívar (1783-1830), Bartolomé Hidalgo (1788-1822), Juan Cruz Varela (1794-1839), José María Heredia (1803-1839), Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), José Victorino Lastarria (1817-1888), Francisco Bilbao (1823-1865), fueron parte de varias generaciones de escritores latinoamericanos que se rigieron por lo que Pedro Henríquez Ureña nombró más tarde: “Expresión es identidad”, con esto cada obra salida de la pluma de algún latinoamericano contribuía a explicar quiénes somos. Aquellas obras mostraban las carencias, las iniquidades, las expectativas, la gloria en ciernes de un pueblo nuevo y capturado en un instante en que tuvimos la certidumbre de quiénes éramos y qué queríamos ser.
De está forma podemos ver como desde antes que se liberará culturalmente la América hispana de España y se establecería una relación altamente orgánica entre la literatura y la política. Nunca fue ajena la visión política de un escritor en su obra literaria, nuestra actual visión poco documentada de nuestro pasado literario ha provocado que muchos escritores mexicanos renieguen de una literatura con carácter político o social o histórico. Estamos enfermos de olvido, hoy pocos son los que se acercan a nuestros clásicos latinoamericanos, qué escritor latinoamericano en la actualidad lee a Bernardo de Balvuena, al Inca Garcilaso de la Vega, al jesuita Francisco Xavier Clavijero, a Andrés Bello, a Simón Rodríguez, a Domingo F. Sarmiento, a José María Arguedas, a Servando Teresa de Mier, a Antonio Caso, a Justo Sierra, a José Vasconcelos, a Eugenio María de Hostos, a Juan Montalvo, a José Enrique Rodó, a Pedro Henríquez Ureña. Se conocen a Simón Bolívar, José Martí, Ernesto “Che” Guevara, Augusto César Sandino, todos ellos combatientes por la libertad, pero ¿se lee su literatura?, ¿sus epístolas, sus diarios, sus poemas, sus idearios? Vivimos los latinoamericanos una lamentable falta de conocimiento de nuestros clásicos, nos es más fácil leer y creer en clásicos ingleses, franceses, alemanes, pero a priori consideramos vergonzoso acercarnos a los nuestros. Así pues, como explica Rafael Mondragón: “nuestros «clásicos» sufren de una suerte de ‘canonicidad débil’, pues son poco respetados y poco conocidos.” (13)
Por esto la visión de una literatura latinoamericana que involucre temas políticos de forma gratuita es falsa, esa opinión sólo muestra una falta de conocimiento de nuestra historia literaria. El hecho de que, específicamente en México, varias generaciones de poetas hayan dejado de involucrar temas políticos, ya sea porque perdieron la “credulidad” como lo comenta Evodio Escalante, en el prólogo de Poetas de una generación (1950-1959): “Es difícil sino imposible, encontrar en estos poetas lo que podría llamarse una actitud política ante la poesía (…) Podría decirse acaso que los poetas recogidos en este libro integran una generación en la devastación, que posiblemente ha entendido que la historia no es otra cosa que un callejón sin salida al que ha sido conducida por otras generaciones alucinadas por las ideologías y por firmes creencias en la salvación del destino humano. Estos poemas han perdido esa credulidad.”  O ya sea por cinismo, desinterés, la búsqueda infinita de las vanguardias o por cultivar la Torre de marfil, el hecho es que la poesía mexicana es una poesía que ha perdido la capacidad de mostrar temas políticos, sociales, históricos, por la falsa creencia que la prosa puede hablar de eso de mejor forma. Pero no se dice que la poesía puede ser más sensible, más entrañable y más intensa que la prosa en estos temas, no para servir como panfleto, sino para sensibilizar sobre iniquidad humana, basta recordar los poemarios Poemas proletarios de Salvador Novo, Los hombres del alba de Efraín Huerta, El retorno de Miguel Guardia, La zorra enferma de Eduardo Lizalde, No me preguntes cómo pasa el tiempo de José Emilio Pacheco.
La literatura y la política en América Latina tienen la misma relación que tenían en la antigua Grecia, una relación orgánica que intentaba mostrar, denunciar, las iniquidades del hombre, una relación que muestra la realidad de los días del hombre, que no evade ni ignora. Hablamos de una relación coherente con nuestra historia literaria, y no de un capricho o de un lucimiento personal, es más bien una necesidad como lo dijo Alfonso Reyes: “La literatura y la poesía, son como una vasta investigación en busca de la conciencia nacional, encaminada a dar al ser mexicano mayor vinculación con la tierra y un apoderamiento mayor sobre las realidades del mundo”.

 

 Iván Cruz Osorio desde México.

NOTAS:

1. Hesíodo, Los trabajos y los días, p. 35.
2. Solón, “[Poema] 2” en Antología de la lírica griega, traducción de Rubén Bonifaz Nuño, p. 41.
3. Alceo, “Himno a la pobreza” en Alceo: Fragmentos, traducción de Manuel Rabanal Álvarez, p. 27
4. Ibid, p. 39
5. Ibid, p. 65
6. Rubén Bonifaz Nuño, “Prólogo”, en Antología de la lírica griega, p. 5
7. Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, p. 59
8. “Lo que siguió” en Visión de los vencidos, p. 167
9. Francisco de Terrazas, Poesías, p. 87
10. Bernardo de Balbuena, Grandeza mexicana, p. 31
11. Andrés Bello, “Alocución a la poesía” en Silvas americanas y otros poemas, p. 21
12. Ibid, p.34
13. Rafael Mondragón, Reflexión y metáfora en la tradición filosófica de Nuestra América, p. 9

 

 


volver