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Presentación a Diario de las especies de Apablaza

Vista previa es la opción que existe en los blogs para revisar lo que uno postea o comenta, antes de subirlo de manera definitiva, ya sin posibilidad de modificaciones. Para un usuario medio de la web esta función podría no ser tan relevante, pero suponemos que para Claudia Apablaza –en esta ocasión ya no sólo como usuario blogger, sino que también como escritora– debió haber sido una constante de uso y abuso, mientras experimentaba voces, entradas y respuestas con esta novela. Confirmando que los libros nunca terminan de escribirse, sino que sólo se abandonan.
Debo situar este contexto de escritura, principalmente, porque la autora, al parecer, seguirá insistiendo en la línea de trabajo que la hizo conocida en el universo literario, cuando su relato “Mi nombre en Google” ganó el primer lugar en el Concurso de Cuentos de Revista Paula el año 2005. Tema que repetiría, también en varios de sus relatos aparecidos bajo un irrefutable título: Autoformato publicado hace dos años.
Diario de las especies, su segundo libro, avanza en esa constante, y se presenta como una novela de género o de subgéneros o de los llamados géneros íntimos. Y desde sus primeras líneas se abre con un planteamiento que intentará cumplir: “Apenas llegué a Barcelona olvidé qué es escribir una novela, entre otras cosas”.
Su recurso será un modelo tomado de las novelas epistolares y los diarios de vida; formas de escritura personal, propia de mujeres, motivadas por la corriente romántica y realista de los S.XVIII – XIX, pero que de manera análoga ella ensayará, vaciando su anécdota en el formato de los e-mails, los posteos y comments, para activar un proceso de escritura obsesivo y desmesurado, lúcido y desesperanzado, que al fin conseguirá exceder incluso su presupuesto inicial: abrir un sitio donde le ayuden todos (así de amplio) a definir cómo se pueden seguir escribiendo libros, en una era altamente tecnologizada.
Digamos entonces, que estamos ante la bitácora virtual de un personaje, una mujer chilena de 27 años, cuyo nick name es A. A., el que podría o no ser la misma autora, que ha llegado a España con la idea de escribir una novela. Dice que llegó a ese país y a Barcelona, específicamente, para estar más cerca de su escritor favorito, Enrique Vila-Matas, quien vive ahí, a quien no conoce, pero piensa que estando en esa ciudad se le hará más fácil abordar su empresa literaria.
Usando un lenguaje crítico y agudo, mezclando ironía y ternura, nos instalará de inmediato dentro de una vida que no supimos estaríamos viviendo, también en fragmentos, saltos temporales, asumiendo que cada posteo es una manifestación del alma. A ratos también de la nuestra como lectores.
Tal vez en otro momento –descuiden que no será ahora– me referiré en extenso sobre quienes ofician como supuestos personajes (Arturo Belano, Pablo Azócar, Doble Natura, JoséDonOso, mujerdegoma, altazorejecutante o putasasesinas), lo mismo que hablar de lo femenino en sus páginas. Cito: “Las novelas se escriben en cualquier período, menos en el período de la menstruación”. Son pocas las alusiones de este tipo, y más suenan a provocaciones que a una defensa. De hecho este libro es muy poco femenino. No es de género, o no del género femenino. No existen banderas de gremio. Aunque sí, la profunda voluntad, honesta y valiente de desnudar y desnudarse.
Diario de las especies fue escrito por una mujer, es cierto, pero sólo eso. Y ella incluso reconoce –también a modo de paráfrasis– que no ha escrito una novela. Sí, quizás una nivola, una nube, fragmentos de nieve cayendo dentro de su habitación, de momentos parecida a su cabeza, articulando un libro que: NO-VE-LA-REALIDAD. O no quiere verla. Y estas 150 páginas no son más que pura evasión, su refugio en el eriazo, en la zona muda del lenguaje, donde otras voces, pueblan el tiempo suspendido y en blanco de la escritura mientras se escribe, momentos de un momento, la fórmula del deja vù, un jet lag para primerizos; hombres y mujeres que se pierden entre un lado y otro del Océano. Para quienes este libro es la posibilidad de encontrar sentido a sus ausencias y elipsis.
El libro de Apablaza es metaliterario. Es el raro instructivo con que entramos y salimos de los libros como si tratara de clásicos de la literatura universal, lo mismo que los manuscritos inéditos de artistas, locos o criminales. Veamos algunos pasajes:
“…Cada personaje deberá memorizar muchos libros. Todos los libros serán quemados.
…Luego decidí asesinarlo por incompetente virtual. Supe que mi autobiografía se asemejaba más a la bulla nocturna de la biblioteca y a la angustia por mis vecinos sin lengua.
… Bolaño, al igual que el océano Pacífico es latinoamericano y no chileno.
… ¿Conoces su libro Un mito para cada uno de los chilenos? Es un libro que nunca se va a publicar porque es patrimonial. Está guardado en los Archivos de la Biblioteca Nacional. A uno le piden el carnet de identidad y le dicen: Búsquese en ese libro. A algunos los vigilan. Bolaño fue generoso con el pueblo chileno. Hizo un listado del 1 a los 20 millones. Creo que Bolaño finalmente se conmovió. Los perdonó a ustedes. Es el signo del perdón, dicen en Chile. No sé si la Mistral los perdonó. ¿Qué crees?
… El tiempo de las novelas es el tiempo de las editoriales; y el tiempo de las editoriales es el tiempo de las librerías; y el tiempo de las librerías es el tiempo de los dueños de las carnicerías y grandes tiendas que ponen una librería para rebajar impuestos. Hacen pasar carne y bragas por libros. Ese es el tiempo real de la escritura de una novela, el tiempo de la carne y las bragas.
…Seamos unos niños si no lo fuimos nunca. Saquemos los pies por la ventana cuando venga un camión. La novela siempre eres tú misma.
…Bien, la novela es una mujer. Lo tengo clarísimo. Es una puta. ¿Lo sabías? Bien. Y si me vas a borrar. Hazlo. Si me quieres eliminar el post, hazlo.
…Las tramas invisibles y fragmentadas que se tejen hoy en día, se disuelven en nuestras cabezas apenas cerramos un libro. Son invenciones muy frágiles. No alentaría a un lector que las recordara”.
Fin de citas. Son las visiones de un libro corto, pero denso, que devuelve cierta humanidad a una escena literaria de momentos tan descarnada, inhóspita y traicionera. Confirmando que cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier cosa: en una corteza de árbol, en cuero, en cartones, en papeles sucios, en bordes de libros, en una libreta de mano o en una croquera virtual, teniendo la misma sensación de pavor, de vacío y terror, ante la página en blanco.
Ese ABRIR ARCHIVO/ NUEVO y qué… Si cuando se decide apagar el monitor, la pantalla nos refleja opacos, oscurecidos, difusos, desde ese otro lado. En esta extraña forma de vida que Apablaza define como PERSONA, pero que puede mutar en un pájaro, en un sapo, en un pato; eso que en la extensión alegórica del libro debemos reconocer como muestra de una enorme fauna, parte de este manual de zoología de las letras, una pieza más de este Diario de las especies, que Claudia Apablaza se animó, con mucha valentía, a coleccionar en este libro, y que hoy celebramos verlo publicado por Lanzallamas.
Roberto Contreras
Centro Arte Alameda
Santiago de Chile, 12 de septiembre de 2008.
