Allende
Versos de Carlos Henrickson

En la duermevela los sueños se filtran.
Revive en el aire la República –el sueño
de una ciudad armada hasta los dientes, que tuvo
un griego–, y se ve, como espejismos
en plena luz de aurora, la larga mesa
cubierta de vino y manjares, las antorchas
en los muros, el esclavo leyendo
los poemas de Homero. Toda duermevela
es peligrosa. Allá afuera los muchachos
dan al aire las cartas. Hay quien quiere
su victoria cada día ondeando como bandera
bajo el viento de la historia, y quien
repartir sonrisas por oficio y quien
su derrota de siempre, atesorada. La palabra
República se recorta violentamente
tras la luz perversa y fantasmal de cuanto invento
la pesadilla de este país –el tuyo, Allende-
ha creado año tras año, en dos siglos
largos y tediosos. Toda duermevela
es peligrosa, Allende. El aplauso del día,
la palma victoriosa, caerá sobre ese relámpago
de pelo hirsuto. El tiempo de los lobos
se ha iniciado esta madrugada de martes;
y el bello sueño de la República no puede
caer como una presa en el hocico hipócrita
de un prusiano fingido. Vuelen con tus sesos
los sueños griegos, venga el día real de la sombra
y la escaramuza bajo los cielos enrojecidos,
váyase todo ese humo de palabras
que tu casa echó al mundo, hasta el otro borde
de los espejos, la dulce patria de los duendes
y las blancas ovejas.
Carlos Henrickson.
Foto: Marcelo Montecino®
