Prostitución / Anarquía

Acercamiento a las bases de un improperio por Córdobatribuhimba.jpg
Intentaremos un acercamiento racional al que es considerado como el mayor insulto en varios países latinoamericanos. Para hacerlo, tendremos como base teórica la definición de la expresión “conchetumadre” de Spotorno aparecida en este mismo sitio y el libro de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, publicado por primera vez en 1884.

En las tribus primitivas existieron varias formas de matrimonio, hasta llegar al monogámico que es propio de la “civilización”. Los períodos anteriores son denominados por Engels como “salvajismo” y “barbarie”. Estas formas de unión primitivas no monogámicas se caracterizaban por ser comunes a varias personas, y pueden representarse como tres estadios previos a la monogamia: la familia consanguínea, la familia punalúa y la familia sindiásmica. Vamos por partes. La familia consanguínea considera como esposos a los hermanos de cuatro generaciones, así los bisabuelos, abuelos, padres e hijos lo son, a excepción de los ascendientes y descendientes directos, o sea, sólo los padres están privados de mantener relaciones con sus hijos y viceversa. De esta forma, el comercio sexual familiar era bastante amplio. Actualmente no existen pueblos que se rijan por este tipo de matrimonio, pero puede deducirse su existencia de un modelo estudiado en algunas tribus de la Polinesia. Por su parte, la familia punalúa va más allá y excluye gradualmente a los hermanos del comercio sexual, primero a los hermanos directos o uterinos y luego a los primos de diversos grados. Esto provoca que se busque formar parejas con personas de otras familias, el intercambio. De todas formas, seguía existiendo una forma grupal de base y varias mujeres eran comunes a varios hombres, que se llamaban entre sí “punalúa”, que en Hawai, lugar donde esta forma de familia se prolongó y estudió, significa “compañero/a íntimo/a”. De esta forma, el espectro familiar se amplía al incluir la categoría de sobrino/a y primo/a. También se desprende que sólo pudiese establecerse una línea femenina de descendencia, pues ellas sí reconocían a sus hijos directos de todos los otros hijos de sus hermanas, que también son suyos. Engels también habla del matrimonio por clases como una fase básica del punalúa: en él todos los hombres de una clase son maridos natos de todas las mujeres de la otra clase y viceversa. De esta familia punalúa nacería la gens, como punto de partida para la “civilización”. Posteriormente, el matrimonio sindiásmico redujo las relaciones entre parientes y las casas comunitarias se poblaron de mujeres casadas con maridos de otras gens, lo que les daba el poder de dominarlos y expulsarlos en caso de ser holgazanes y no aportar lo necesario a los fondos comunes.

En este tipo de organización, la mujer tenía obligaciones domésticas muy agotadoras, pero también eran la cabeza de su casa y ellas eran las únicas herederas pues la línea de descendencia se establecía por las mujeres. El matrimonio muchas veces era convenido por la familia, hasta que cada persona llegó a tener poder de decisión y establecer sus propios vínculos familiares. Por otro lado, los hombres comenzaron a dedicarse exclusivamente a la obtención de alimento, mientras que las mujeres realizaban, como ya dijimos, las actividades domésticas, y esto se transformó en un cambio en el sistema de herencias y en la vida familiar que dejó de centrarse en un hogar común a varias familias y se redujo al núcleo menor, o sea, esposos e hijos. La causa es que el alimento comenzó a producir riqueza acumulable, el hombre se hizo fuerte y comenzó a tener poder sobre otros, que en un primer caso fueron sus esclavos, comprados u obtenidos como botín de guerra. La esclavitud fue una expresión primitiva de propiedad privada física, por medio de la cual el amo podía incluso matar a su esclavo. Más tarde, el sometimiento y el terror llegaría al núcleo familiar. Precisamente este ánimo de posesión derivó en uno análogo a nivel familiar y de esta manera nació el sistema actual de matrimonio, el monogámico. Este modelo desde sus orígenes tuvo contradicciones, pues la infidelidad nunca fue mal vista en los hombres mientras que sí era motivo de desprecio para las mujeres sometidas. El matrimonio monogámico se erige como una forma más “civilizada” de propiedad privada. Nacen, así, dos personajes nuevos: el marido cornudo y la mujer heterista, o sea, la prostituta.

Este es el punto que nos interesa, ver que la prostitución es una manera, generalmente involuntaria, de rechazo a la monogamia, que a su vez es una forma primitiva de propiedad privada. En este contexto, podemos proponer que la prostitución es un tipo de anarquismo, puesto que se opone a las instituciones familiares, religiosas, y a la famosa “propiedad privada”. Si aceptamos esta visión, debemos reformular el denuesto hijo de puta, por el también correcto hijo de anarquista, que implica una postura política al respecto. Una posición conservadora, respetuosa de las instituciones, oligárquica si se quiere, pues quien lo enuncia se pone del lado de los poderosos y ricos, justamente los que detentan la propiedad. El insultado debiese quedar con el semblante y el espíritu calmo, puesto que el insulto se revierte a quien lo pronuncia, que a sí mismo se está diciendo pacato, mojigato. Entonces nos damos cuenta que no es a nuestra madre a quien se refiere, sino que es este un autoinsulto. Claro, a menos que realmente consideremos un insulto ser anarquistas.

Gonzalo Córdoba.


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