La memoria sobrevive
Voces de la Matanza del siglo
Sixto Rojas, pintor y anarquista
Sobreviviente de la matanza
¿Cómo el pintor Sixto Rojas Acosta salvó ileso en la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, ocurrida el 21 de diciembre de 1907?
Sixto Rojas falleció a los 58 años de edad en la Oficina Salitrera Santiago Humberstone en 1941 y sus restos se depositaron en el Cementerio de Pozo Almonte.
El pasado 14 de diciembre su historia revivió a través de la exhumación de su cuerpo, en el marco de la conmemoración del Centenario de la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique. “Sus restos se encontraban en un ataúd de los usados en la época de las oficinas salitreras y se procedieron a depositar en un nuevo féretro” explicó Carlos Graña, periodista de la municipalidad de Iquique.
Después de rezar por el descanso de Sixto Rojas Acosta se dispuso su traslado desde Pozo Almonte al Cementerio General Nº 1 de Iquique, donde permanecerá, en una sala especial hasta que se inaugure -el 21 de diciembre- el Mausoleo y Memorial de los Mártires de la Escuela Domingo Santa María, que construye el municipio del puerto.
En el Cementerio Nº 1 sus restos fueron recibidos por Griselda Rojas, hija de Sixto Rojas Acosta, quien autorizó la exhumación y traslado a Iquique.
Los restos del pintor serán depositados en una ceremonia solemne en el Mausoleo Memorial, junto con los de Patricio Rojas Ramírez, también víctima de la masacre de la Escuela Domingo Santa María. “Así, Sixto Rojas simbolizará a los dirigentes de la gran huelga de 1907 y Patricio Rojas Ramírez a las víctimas de esa masacre”, acotó Graña.
Artista
Sixto Rojas fue un artista errante por la pampa, romántico y bohemio. Decoró teatros y pintó en salones sociales de oficinas salitreras actualmente desaparecidas. Sin embargo, sus cuadros todavía se mantienen en el Casino Español de Iquique. En el segundo piso de ese edificio ubicado en la calle Baquedano, se exhiben seis óleos con escenas de mujeres y pasajes de la historia española. Realizados en 1931.
Su gran obra, en tanto, fue el trabajo decorativo en el Teatro Municipal de Iquique, como en el ahora deteriorado Teatro de Pisagua.
Su obra decorativa todavía puede apreciarse en el salón de honor, segundo piso, de la actual Casa de la Cultura de Antofagasta. “La técnica que se utilizaba en ésa época para decorar los teatros era la denominada pintura al temple, que era tierra de colores aglutinada por clara de huevo. La mezcla era muy resistente” explica Waldo Valenzuela, pintor y docente.
En tanto, “la influencia podría ser art deco, aunque era un arte muy ornamental, decorativo. La manera de recortar la figura también habla de otras tendencias”, agregó.
Valenzuela recuerda que el hijo de Sixto Rojas, Raimundo, fue funcionario en la Universidad del Norte. “Contaba que cuando llegaba la hora del almuerzo y faltaba el dinero para comer, el papá pintaba rápidamente sobre madera o lo que fuera, un gallo y él debía venderlo”.
Anarquista
En Iquique el nieto del fallecido artista, Héctor Sorich Rojas, quien publicará un libro biográfico denominado Sixto Rojas, un protagonista olvidado.
De esta manera, el libro será el camino para entender cómo este decorador de teatros se empapó de las causas sociales de la época, llegando como secretario del directorio a la huelga pampina que desemboca en la matanza de la Escuela Santa María.
Sorich reconoce que su abuelo era un “anarquista. Era esta condición la que lo alejaba de algunos círculos sociales, pero lo acercaban a la clase intelectual de la época”. Así, los continuos viajes a pintar recintos en las salitreras no le dejaban tiempo para su familia, pero sí para las tertulias, la política y la vida nocturna.
En este contexto, la gran huelga lo sorprende como dirigente. Iba al sacrificio, sin embargo una jugada poco clara del destino lo transformó en un sobreviviente.
Carlos Graña, afirmó que Sixto Rojas y José Brigg, presidente del directorio de la huelga, caminaban por la calle Barros Arana “en la tarde del 21 de diciembre, bajo estado de sitio y toque de queda, rumbo al sector del Hipódromo, custodiados por un grupo de la fuerza armada”. Así, no estuvieron en el preciso momento de las descargas. La suerte estaba con ellos. Salvaron sus vidas y luego por el caos reinante no fueron reconocidos. Otra versión indica que se hicieron los muertos.
En el primer aniversario de la matanza, en 1908, Rojas fue el principal orador, diciendo: “porque la sangre vertida es semilla que germina haciendo nacer nuevos luchadores. Y también tengan presente que en todos los tiempos y en todas las edades, donde hubo tiranos, hubo rebeldes”.
Nunca la flor creció
Un ensayo sobre la matanza
“Nunca la flor creció: Centenario de la Matanza en la Escuela Santa María” es el nombre del ensayo (Editorial Jote Errante y Campvs) del sociólogo y académico de la Universidad Arturo Prat de Iquique Bernardo Guerrero Jiménez.
Se trata de una reflexión sobre la memoria y el olvido tomando como eje conductor los hechos ocurridos el 21 de diciembre de 1907.
En este texto, Guerrero recorre los principales hitos de la historia nacional y regional para reflexionar sobre nuestra peculiar capacidad para el olvido. El estado en que se encuentra el monolito de la Escuela Santa María en Iquique, es un indicador de ello.
-…Usted plantea que la sociedad chilena tiene una gran capacidad para el olvido
-Eso se da en todas partes, y está más acentuado por el principio del siglo XXI, que es una época que mira más hacia el pasado que el futuro, pero al mirar el pasado lo faranduliza. Así contamos los retornos de The Police, Soda Stereo y de los revival de las modas.
-¿Hay un relativismo al mirar al pasado?
Más bien una desnaturalización. La matanza de la Santa María ha sido y es una historia de olvido. Un dato curioso y dramático: en la fosa común donde estaban los muertos en el cementerio 2 (de Iquique) había un mausoleo, el que desaparece en la década del ‘50 cuando también desaparece el cementerio. La izquierda de la época no dijo nada ni intentó recuperar el mausoleo. Y los muertos quedaron doblemente sepultados, ahora por el olvido.
La discusión de hoy en Iquique es cuántos muertos, como si eso fuera la fundamental. A mí me parece macabro.
-¿Por qué le parece macabro?
-El 21 de diciembre ya es un pasado que no molesta a nadie. Incluso la izquierda y la derecha unida van a conmemorar la fecha. Ha ocurrido un proceso de desnaturalización dónde no hay recuerdos ni memoria. Acá todos están de acuerdo en recordar a N.N. gente con la cual no hay vínculos. Esto indica que la memoria popular, de la clase obrera, no ha tenido los instrumentos para haber mantenido el recuerdo permanente. Ahí conecto con la poesía obrera. En 1908 Francisco Pessoa y en 1907 Escobar y Carballo escriben sendos poemas que narran la historia.
-¿Cómo se inserta la cantata Santa María?
-Recién en 1969 con Héctor Duvauchelle, Luis Advis y Quilapayún surge la Cantata. A ésta, junto a la tradición oral, le debemos de que no haya más olvido. Algo sabemos por la Cantata. Eso reafirma que una vez más leemos a los artistas, no a los historiadores. Los historiadores se ha preocupado de contar los muertos, pero no hay un recuerdo político. De hecho la Cantata es un dispositivo de la memoria y además de manera notable se adelanta a los hechos.
Hoy, las semanas pampinas y que la gente de disfrace de pampinos son más que puestas en escena. Que Humberstone y Santa Laura sean nombrados patrimonio de la humanidad es para el turismo, no para la historia.
Entonces ha ocurrido un blanqueamiento de la memoria.
-¿En este blanqueamiento que habla, también se inserta en otras matanzas obreras?
-La Coruña y San Gregorio, por ejemplo. Esto es una cuenta para la izquierda que no ha sido capaz de “resucitar sus muertos y convertirlos en banderas de lucha”. Ahora no va a pasar nada el 21 de diciembre, porque no hay movimiento obrero organizado y porque se buscará el aprovechamiento político.
Asimismo vamos a terminar en una ciudad –por Iquique- llena de monumentos y memoriales para la fecha, pero la piedra sin la escuela no habla. Un autor dice que no hay nada más invisible que los monumentos. Faltó que en las escuelas se contara sobre esta historia.
En el caso de la Santa María de Iquique, la memoria nacionalista y aristocratizante hizo olvidar el hecho.
Fosas comunes
Bernardo Guerrero afirmó que, según las crónicas de la época, los cadáveres fueron enterrados en fosas comunes en el cementerio que está bajo la actual población Jorge Inostroza, y a un costado del hospital.
Crónica y entrevista de Rodrigo Ramos desde Antofagasta.
