Política para infantes en medios masivos

Un análisis sobre LazyTown

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“Sólo los chicos creen. Pero los chicos crecen” (1)

Desde hace algunas décadas se habla del rol de la TV en la formación de los modelos de realidad de los niños. Al respecto, María Pía Bacchi escribe en Zona Pediátrica (www.zonapediatrica.com) que la TV “es un proveedor de arquetipos y modelos del ser”(2) . Es esa misma televisión la que fomenta estados de pasividad e irreflexión, pues entrega toda la información posible, no se debe reconstruir ningún aspecto. Es un medio frío, en palabras de McLuhan. Este motivo nos lleva a intentar un acercamiento a uno de los programas televisivos para niños más exitoso de los últimos años.

LazyTown
Este programa de TV ha logrado una gran repercusión, se transmite en más de cien países a través de diversas señales privadas. El verbo inglés “laze”, según el Diccionario Oxford, significa “relajarse y hacer muy poco”, por lo que el título de este programa debe entenderse como “La ciudad de los holgazanes”. Y quien cumple el rol de perezoso es Robbie Rotten, que vive bajo la ciudad y los espía mediante un periscopio. Él promueve el ocio desmedido y el consumo de comida chatarra, mientras que el héroe Sportacus (claro juego de palabras entre el nombre del caudillo romano y el verbo y sustantivo inglés “sport”) se alimenta de frutas, sobre todo manzanas, y practica deportes. Precisamente quien interpreta este personaje es el creador de la idea, coproductor y coguionista, el bicampeón europeo de aeróbic Magnus Scheving, islandés.
Islandia es un país de poco más de 300.000 habitantes, ubicado a mitad de camino entre Inglaterra y Groenlandia. La temperatura media anual es de 5º C y tiene una densidad de 3 habitantes por km2. Sus principales recursos son la pesca y la ganadería bovina, junto con la extracción de diatomita. A contrapelo del resto del mundo desarrollado, ellos no tienen ejército nacional y su energía es en su totalidad hidráulica y geotermal. Durante muchos siglos fueron dependencia finlandesa y danesa, hasta conseguir la independencia en 1944. Desde aquel entonces a la fecha han tenido 5 presidentes, lo que habla de una gran estabilidad política y social.
La historia de LazyTown comienza con la llegada a la ciudad de los holgazanes de Stephanie, esta niña de pelo rosado, diferente al resto de los niños y sobrina del alcalde Milford. La ciudad no tiene necesidades económicas ni problemas políticos, de lo que se desprende que el alcalde Milford realiza bien su trabajo, pero esta suposición es más intuición que certeza. Stephanie se encuentra con un grupo de niños que no tienen motivaciones y sus vidas son un tanto aburridas, pero ella con la ayuda del héroe Sportacus se propone cambiar el statu quo. El grupo de niños es muy heterogéneo, y ello es posiblemente muestra del afán de universalidad con que se ha concebido la historia: Stingy es un chico rico, egoísta y caprichoso; Ziggy es el más joven del grupo, es miedoso y al parecer bastante mimado en su hogar; Píxel es un niño de color amante de las computadoras y de los video juegos, es el único que realiza algún tipo de trabajo, pues en ciertas ocasiones desarrolla inventos que sirven a sus fines y a los de sus amigos; Trixie es una chica con un carácter un poco más impulsivo que el resto. A todos les gusta la comida chatarra, como ya dijimos, y no practican deportes; éstas son características comunes a todos los habitantes de la ciudad.
Hay rasgos que debemos distinguir porque son de importancia. Por ejemplo, Ariel Dorfman llama la atención sobre la falta de adultos o bien de vínculos familiares directos en la historieta del Pato Donald (3). En LazyTown se da un caso similar, pero lo que esto implica es la relativización de los vínculos familiares como base de la estructura social, y una sociedad desestructurada puede manipularse con facilidad, ya que sus individuos se encuentran a la intemperie. Los niños no tienen padres, el alcalde no está casado, y la Señorita Bessie intenta engatusarlo. Lo que queda de todo esto es una historia de la negación sobre los orígenes, sobre la procreación, y veremos que no sólo se puede verificar en los humanos, sino también en los frutos y en los objetos. Propongo pensar que la ausencia de vínculos familiares representa la invariabilidad de la relación entre los individuos. Esto revela que la verticalidad de las relaciones está dada sólo por la edad. La edad es algo que nadie puede controlar o modificar. Es el “orden”. Y el “orden” representa el Progreso. A medida que vayan creciendo esos niños, no necesitarán de ninguna facultad especial para ganarse el respeto de sus conciudadanos. En la historia humana, el término “progreso” se transformó en una constante de las economías capitalistas, siempre de la mano del desarrollo industrial y del deterioro del trabajador. En LazyTown, ni siquiera hay huellas de la industria, como tampoco hay huellas de los padres.
También Dorfman hace hincapié en que los personajes no suelen tener obligaciones laborales, y esto podría criticarse diciendo que los protagonistas son niños, pero esos niños no van a la escuela y antes de la llegada de Stephanie tampoco jugaban. Según la OIT y los organismos internacionales, los niños sólo tienen el deber de estudiar y de divertirse. En LazyTown, el alcalde Milford, pues a él corresponde el otorgar estas garantías al pueblo, no puede encontrarle solución a este conflicto con los niños que no cumplen sus “deberes”. Stephanie viene a intentar una solución a la falta de diversión de esos niños, y Sportacus se encarga de la lección moral sobre la alimentación. Y otras lecciones ocultas, que son las que nos interesan.

Las lecciones del héroe

Pensemos que la llegada de Stephanie a LazyTown tiene un fin político, siendo parte de este proceso de cambio de las costumbres de los niños de la ciudad. Sportacus cumple una función complementaria a la de Stephanie en este proceso, por lo tanto su fin también es político. Lo importante es notar que el antagonista no es tan malo como parece, él no hace daño a nadie, no mata a nadie. Lo que sí hace es defender su modo de vida, o las costumbres. Robbie Rotten es como la representación de la tradición, y Stephanie y Sportacus, los colonizadores, los intervencionistas. Los colonizadores reaccionaron con grandes matanzas hasta llegar al sometimiento de los sobrevivientes, ya que alguien debe trabajar la tierra y no serán, precisamente, los intrusos. Los intervencionistas matan en menor cantidad y rondan hasta engatusar, porque lo suyo es la persuasión, el ofrecimiento de bonanza si se acepta la presencia del intruso. Esto es justamente lo que sucede en esta ciudad de holgazanes, al parecer tan flojos que ni siquiera se tomaron el trabajo de pensar en las consecuencias. El caso prototípico de intervencionismo es el de Estados Unidos, que ha tejido una densa red de oficinas militares en el mundo, con casi unos quinientos cuarteles declarados y el bombardeo de información proveniente de los medios de comunicación. El adjetivo inglés “rotten” significa podrido, inutilizable, lo que da la idea de una parcialidad ideológica detrás de quien haya decidido nombrar con este adjetivo, sustantivizado, claro está, al malvado de la serie. Se entiende que las tradiciones están podridas, que hay que dar lugar a las nuevas ideas foráneas.

El culto a Sportacus

Sportacus es el héroe que baja de los cielos cuando los niños, los indefensos, piden ayuda o están en problemas. En ciertas ocasiones, para pedirle consejo, le envían una carta utilizando un buzón que expulsa el correo hasta entrar a su nave. Rápidamente, Dios se encuentra con los corderitos. Carlyle decía que el héroe es el “hombre universal”, el individuo que concentra todas las potencias creadoras del hombre. Para él, Sportacus se diferenciaría de la masa por oposición axiológica. Es considerado el visionario (el profeta si se quiere) que desciende a dar las pautas para mejorar la situación. Este criterio de pensamiento, desde Hegel, termina por afirmar que la historia es biografía. Paralelamente a Sportacus, Stephanie cumpliría un rol histórico y un rol de tipo religioso, pues ella es el médium entre los niños de LazyTown y Sportacus. Pero queda en evidencia que el Ser Superior de las Alturas es parte importante en esta “intervención cultural”. Efectivamente, los españoles en las colonias impusieron el catolicismo, y los ingleses el protestantismo en la América sajona. Sportacus, al igual que Dios, nunca sucumbe frente al enemigo que él mismo ha creado. Lucifer se revela a la omnipotencia y Robbie a la intervención. Frente a este escenario, cabe preguntarse ¿hasta qué punto es Robbie Podrido el villano que nos quieren hacer creer? Él es el antagonista para los que ven la historia desde el punto de vista de los vencedores, pero nosotros latinoamericanos, dominados desde hace dos siglos por una raza más cruel (la sajona), nos sentimos identificados con los habitantes de LazyTown, o bien con ese “villano” que no hace más que defender su villa, las tradiciones que implica esa tierra.
Pero esta diferencia, y la parcialidad que tomamos por el discriminado e incomprendido Robbie, se acrecienta si pensamos que él no hace uso de esa tierra para su propio beneficio, como sí lo hace Sportacus en varios episodios, por ejemplo, el titulado “Record`s day”, uno de los pocos en que se muestra el fruto de los árboles de la ciudad (si bien utiliza un solo árbol, este es idéntico al resto y se infiere que el fruto es el mismo). La manzana es la base de la alimentación de Sportacus, lo que explica el interés de este por el dominio de LazyTown. El tema de la alimentación se nos presenta como una dicotomía: puedes ser fibroso e inquieto como el héroe o puedes ser regordete, con cara de empanada y expresión de saciedad, como los lazytownienses. Una vez más, Sportacus se opone, esta vez junto a Stephanie, a la obesidad y a la mala alimentación. Si bien, el “malvado” Robbie Rotten es también delgado, su apariencia es débil, es flácido, pero principalmente, es flojo (y de esta forma se opone a Sportacus).
El silencio se impone, como ya hemos dicho, a la hora de ver las relaciones entre el producto y la producción. En este caso, el objeto de valor para el héroe intervencionista es la fruta, más precisamente las manzanas. Un buen ejemplo de este silencio puede verse en el capítulo mencionado, donde en dos ocasiones se ve que ese árbol casi de probeta que abunda en la ciudad produce ¿qué más? Manzanas. Después de este episodio se puede entender mejor la necesidad de Sportacus de merodear en su nave por la ciudad, es una forma de supervivencia…, o de saqueo.
En la presentación del programa, el pueblo se ve rodeado de un bosque verdísimo, al igual que Islandia está rodeada de agua y al igual que las tierras edénicas a lo largo de la historia de las religiones han sido casi siempre islas (las islas de los Bienaventurados). Esta imagen de “paraíso encontrado” es vieja en la historia de las colonizaciones, bastaría recordar frases como “hacerse la América”, bastaría reformular la imagen por la de “paraíso saqueado”, tan latinoamericana. Ese es precisamente el propósito de Sportacus, más allá del fin político interno buscado en connivencia con el alcalde.
Respecto de Sportacus y Robbie Rotten, en los habitantes de LazyTown podemos ver que los niños son los únicos representados por el héroe, mientras que la señorita Bessie tiene un protector en el alcalde y éste en sí mismo. Recordemos que en las sociedades capitalistas el gobernante es representación de poder supremo, casi un representante de Dios en la tierra y esto se puede ejemplificar con cualquier discurso de Bush o de Bin Laden, si es que existe. A nivel religioso, son fundamentalistas; a nivel político, cumplen a rajatabla con los preceptos constitucionales.
El esquema de relaciones y vínculos entre los ciudadanos e intrusos en esta tierra simbólica es el siguiente:

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Las flechas ascendentes indican la jerarquía que se le da a cada actante en el planteo de la serie. Pero cada uno de estos compartimentos simboliza un estadio temporal en la evolución de la humanidad. Así: Robbie Rotten es el Pasado, viviendo en las tinieblas de un Hades siniestro, mientras que Sportacus es el Futuro, el Progreso, siempre en las alturas, en su nave súper moderna.

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El revólver ardiente

Tom Engelhardt, en un artículo titulado “La TV es un revólver ardiente” explica los mecanismos de producción televisiva infantil y analiza hasta qué punto tienen correlación con el mercado de juguetes. Distingue entre los programas televisivos para niños y los programas televisivos para niñas, pero hace un paralelismo entre estos y las series a nivel general. Propone que la generación post-Reagan tiene un miedo inusitado a un posible cataclismo nuclear (también Dorfman se detiene en esta característica), y que se manifiesta esta tendencia en tres argumentos básicos: “la introducción de nuevos personajes con sus respectivas armas (…); la necesidad de contar con un ‘grupo de tareas’; y la exhibición de la tecnología armamentística del show a través de efectos especiales ”(4). En el caso de las niñas, los argumentos se reducirían a dos: la presentación de nuevos personajes y la necesidad de un equipo de trabajo. El nuevo personaje introducido en cada capítulo de Lazytown es Robbie Podrido disfrazado para conseguir la huida de Sportacus, y el grupo de tareas estaría conformado por este último junto a todos los niños. Los efectos especiales digitales que se utilizan en la post producción tienden a manifestar de manera espectacular las habilidades deportivas de Sportacus y la retirada, siempre vencido, de Robbie.
Se supone que esta configuración es la que produciría un impacto mayor en la teleaudiencia, puesto que abarca todos los flancos de un espectáculo televisivo, y, a la vez, está tan teñido de una moralidad a la Reader’s Digest (cristiana, capitalista, sensiblera) que nadie sospecharía lo que hay detrás de ese mensaje, a nivel ideológico. Hay que reconocer que la moral sirve a ciertos fines que nos convendría detectar y definir; fines que, a su vez, responden a ciertos intereses. En el programa se puede ver la moralidad en el proteccionismo divino de Sportacus, en su “prédica” sobre la buena alimentación y la práctica de deportes, “sports”. Veamos en ese mismo indicio, la cercanía entre el nombre del héroe y su doctrina, una forma de intervención similar a las que podemos seguir por TV a diario: el gobierno estadounidense invade Irak para apoderarse del recurso y para imponer un sistema económico y moral que sirva a esos fines, o sea, un sistema de inconsciencia colectiva.

LazyTown, por ejemplo, está dirigido a niños y niñas de entre dos y siete u ocho años, precisamente el grupo etáreo en el que, según Piaget e Inhelder (5), se desarrollan las operaciones “concretas” del pensamiento y las relaciones interindividuales. En los primeros meses de vida, el niño desarrolla dos funciones: la senso-motora, como primer paso en su desarrollo; y la función semiótica, alrededor de los 18 a 24 meses de vida. Estas operaciones “concretas” son las que terminan modelando el mundo y clasificándolo, son funciones casi matemáticas de ordenamiento, jerarquización, etc. Piaget e Inhelder dicen al respecto que estas operaciones:

“No sólo intervienen en sus razonamientos privados, sino también en sus intercambios cognoscitivos, ya que estos consisten en reunir informaciones, ponerlas en relación o en correspondencia, introducir reciprocidades, etc., lo que constituye nuevamente operaciones , que además son isomorfas respecto a aquellas de que se sirve cada individuo para sí. “(6)

Nadie podría dudar de la importancia de una correcta formación cognoscitiva en la infancia y es por ello importante tener en cuenta las palabras de Pía Bacchi citadas en el primer párrafo de este trabajo, donde aclara que la TV provee arquetipos y modelos del ser. Sin siquiera ponernos paranoicos, podemos pensar que la TV (y el cine y los periódicos y la radio y… en fin, los medios masivos) es un arma ideológica, donde es más importante lo que se oculta que lo que se informa, pues en la nebulosa de lo no-existente se esconde el modelo atacado. Para calmar las paranoias, pensemos que, después de todo, el programa fue creado y escrito por un tipo que gusta de dar vueltas por el aire y saltar con la gracia de un ciervo, no precisamente un intelectual. Y que esa omnipresencia del autor, intérprete, productor, y el resto de la cadena, no es más que una expresión extrema de egolatría por parte de Magnus Scheving.

Conclusión y propuesta

Este tipo de análisis es importante para entender las consecuencias que puede tener para un niño crecer viendo programas con esta propuesta. Quienes de nosotros nos veamos enfrentados a un aula con los pequeños “televivientes” hijos de esta ideología, debemos saber que, si no se encamina el pensamiento de ese niño, cuando llegue al momento de aprender la Historia americana, podrán creer que las colonias fueron benéficas para los habitantes, y olvidar las masacres (que probablemente ni les nombren). Es peligroso que les enseñen esa historia errónea, pues la advertencia de Blaisten no tendría lugar en la realidad, ya que esos niños conservarían la misma imagen desde su niñez. Serían adultos con una mentalidad tan inocente como la de un niño, y terminarían pareciéndose a los adultos estúpidos de LazyTown que permiten la intervención.
La pregunta cae de madura: ¿Qué hacer para cambiar esta situación? ¿Cómo proponer la vuelta de tuerca? Si bien es difícil enfrentarse a este problema desde otro medio que no sea el audiovisual, por cuestiones prácticas y de preferencias de los niños, se puede ofrecer una programación alternativa. Voy a poner el ejemplo del programa de títeres 31 minutos, creado no por un campeón de aeróbic sino por dos periodistas chilenos de clara tendencia izquierdista, tanto por los contenidos vertidos en este programa como en los programas anteriores del dúo: El factor humano y Plan Z.
Transcribo la letra de una canción de la segunda y última temporada:

Hoy / temprano me levanté / porque un señor me dio / para mí un parque de diversiones. / Él / temprano se levantó / porque un señor le dio / para él un parque de diversiones. / Un gentil señor me regaló / este lugar de fantasía. / Tiene cien caballos en un carrusel / y una montaña rusa que no es de papel. / Todo es para mi uso exclusivo, / nadie puede molestar ni interrumpirme, / soy la envidia de mi barrio, / puedo jugar acá sin límite de horario. / Tiene un parque para él / con montaña y carrusel / cree que puede ser feliz con eso. / Tras un par de vueltas me empecé a aburrir, / lo que antes era nuevo ya me está cansando. / Autos locos, ruedas de la fortuna / no me proporcionan diversión alguna. / Quiero invitar a los niños del barrio, / el señor me lo prohíbe, “está en el contrato”. / ¿De qué contrato me habla? le pregunto yo / Del que firmaste cuando te lo regaló. / El / niño se quiere marchar, / pero no puede porque / las puertas del parque se han cerrado. / Firmó un contrato en un papel, / pero nunca se fijó / que el Señor era el mismo Diablo. / Sin darme cuenta / me tiene entre sus garras / por un contrato / que nunca leí / no puedo escapar de aquí! / El parque que un Señor le dio / el niño no imaginó / que podía ser el mismo Infierno. / Siente una mano tras de él / que lo agita sin cesar, / es la mano amiga de su madre, / quien lo despierta del terror / del Diablo y de carrusel / todo era una pesadilla, pesadilla, pesadilla!!! Ahhh!!!

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NOTAS:

(1) Blaisten, Isidoro: “El desarrollo y la fe”. En: El mago. Nueva versión. Buenos Aires: Emecé, 1993.
(2) http://zonapediatrica.com/mod-htmlpages-display-pid-281.html (visitado el día 22 de agosto de 2007)
(3) Cfr. Dorfman, A, Para leer al pato Donald, pp. 23 y ss.
(4) VV.AA., Incluso los niños, Buenos Aires: La marca, 1993, p. 121.
(5) Cfr. PIAGET, J; INHELDER, B, Psicología del niño, Madrid, Morata, 1984, p. 96 y ss.
(6) Ibid., p. 100.

Gonzalo Córdoba


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