La novela más breve

Comentario a La Grandmother y otros por Apablazagrandamother.gif

La Grandmother y otros, el noveno libro de la escritora chilena Pía Barros (1956) viene a confirmar el dominio que tiene la autora sobre las narraciones breves. Ese difícil arte de contar en un par de líneas por un lado: “Cuéntame un cuento que me cuente cuántos conteos caben en estas cuentas”(Originario), “El más exitoso y rico de los escritores abandona el congreso entre aplausos y envidias: es escritor de solapas” (Best seller); y por otro, el alcanzar en 30 páginas las cualidades que tiene una novela, por lo que me atrevo a clasificar como una novela hiperbreve o la novela más breve que he leído: La Grandmother. Porque bien sabemos que un texto no se puede encasillar dentro de un género narrativo sólo por la cantidad de páginas (eso esperamos), sino que por el texto mismo. Aunque también sé que ese vicio se mantiene, sobre todo entre algunos editores o críticos que quieren mantener a toda costa el concepto de novela dependiendo de la cantidad de páginas y tamaño de la letra, quién sabe para qué. Supongo que es para no darse el trabajo de pensar dos segundos más en un tema, para hacer juicios apresurados y llevarse la mano lo más rápido posible al bolsillo. Para algunos todo radica en el bolsillo. Incluso la capacidad de pensar.

He visto distintas formas de alcanzar la brevedad en un texto: desde esmerados editores con manos de tijera como lo fue Gordon Lish con Raymond Carver, pasando por delirantes autopodadores de sus ficciones y/o por mujeres que insisten en hacer ejercicios orientales de aguantar la respiración, cultivando el ya tan usado no-decir, dejándole al lector el deseo de que hubiese sido mucho mejor sí es que hubiesen dicho algo.

Pero La Grandmother y otros no es clasificable ni en una ni en otra vertiente de minificciones. Más bien me atrevo a decir que La Grandmother tensa al máximo el espacio físico que posibilita un texto de ficción, resguardando las cualidades de toda novela (el manejo del tiempo, las mutaciones de los personajes y la tensión narrativa) sin esfuerzos sobrenaturales ni externos, sino que fruto del manejo perfecto de un oficio. Todo esto acompañando por ese Otros, un conjunto de mini relatos que vienen a cumplir la función de incorporar al lector en la estética de Pía Barros, para aquellos que no la han leído nunca y arribar en la novela breve sin problema alguno. Una relación de perfecta complicidad e interacción entre ambos.

Por otro lado, tal como podemos ver el título, “La Grandmother”, deriva de una relación sombría, de un narrador sumamente interferido. “La” tan latina y “Grandmother”, tan gringa. Y ahí podemos encontrar también los tópicos recurrentes de Pía Barros: las relaciones perversas y enfermas de los contiguos, la ironía o más bien diría su humor negro y las relaciones herméticas entre madres e hijas, relaciones impenetrables.
En “La” “Grandmother” se ve la oscura relación entre lo latinoamericano y lo gringo y la hibridez que deriva de ello. “In the next town we will buy shoes, dice en voz alta. Y un vestido también”, piensa para sí misma. Una relación de sospechas, delirios, poderes negros que no hablarán nunca el mismo lenguaje, por mucho que existan las traducciones o que algunos escritores latinoamericanos escriban en inglés. Porque La Grandmother es una abuela postiza y un deseo de madre inconclusa. Un vacío. “La nieta de La Grandmother la odia. La Grandmother no tuvo hijos”. Una abuela de museos y no de esas genuinas que nos cuentan historias tristes o alegres. Es la abuela postiza sin arrugas que compra a una niña mexicana por un par de billetes y en esa compra adquiere inconscientemente toda la ferocidad de una etnia y las obsesiones ancestrales, según pienso diría Freud aplicando Tótem y Tabú. Es la muerte secreta que le va ocasionando la niña-comprada a la-abuela-que-la-ha-comprado. Una mujer que no logrará nunca completar su deseo de ser madre y se quedará eternamente lavando la boca con lavaza en el fregadero para expiar las culpas pasadas.

Recuerdo que Piglia decía el otro día en la presentación de Prisión perpetua que la diferencia entre una novela y un cuento, es que en el cuento el narrador no cuenta nunca el secreto; en cambio en la novela sí. Para Cortázar, el cuento es una fotografía, la novela una película. En este sentido, La Grandmother está más cerca de una película en la que los personajes se desarrollan a través de un tiempo extendido, nos presentan su desarrollo de la mano o pulso del escritor que sabe llevar ese desarrollo sin la fugacidad de un flash o disparo. No hay nada apresurado en La Grandmother, a pesar de que todo se narra en 30 páginas. Y creo que porque en Pía Barros tampoco lo hay. Es un trabajo a su medida. A su pulso. Siempre lejos de los grandes sellos y de las narrativas de sus casi todos sus contemporáneos. Riesgos. Más cercana a Eltit, Díaz-Eterovic y Lemebel…, pero ese es otro cuento que no cabe en este segundo.

En resumen, me atrevo a decir que estoy frente a una de las novelas más breves que he leído en los últimos tiempos, y la acompaña su merodeo perfecto en esos Otros relatos brevísimos. Riesgos sin duda. Jugando con los límites. Y me atrevo a decirlo, porque Pía Barros se atreve a escribirlo.

Claudia Apablaza

foto de Ryan Block


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