Un género de sonoridades puras
Claudio Giaconi (1927-2007)

foto: Marcelo Montecino
Claudio Giaconi murió el viernes 22 de junio producto de un paro cardíaco en el Hospital del Salvador de Santiago, tras el postoperatorio de una pierna. El próximo 23 de agosto habría cumplido 80 años. Sobrevivió a la tuberculosis, convirtió su escritura en leyenda, fue el prosista más arriesgado de su generación, en New York trabajó de corresponsal en la agencia UPI, junto con extender sus alas de excesos, como el mejor y como el peor de los beatniks. Volvió hace doce años -como bien dice Gonzalo León- convertido en un rockstar, acaso sin saber que con eso empezaría a deambular por este Chile de los acuerdos, los codazos y las camarillas del nepotismo, como un perfecto “hombre invisible”. Supo difuminarse tras el humo de sus largos dedos tabacosos, convertido en uno de los últimos sobrevivientes de aquella literatura secreta confinada a una biblioteca imaginaria, donde demasiadas citas por las ramas, no han permitido ver el bosque.
Para Bolaño “hay dos prosistas en la generación del cincuenta que están por descubrirse: Lihn y Giaconi”. El primero está causando efectos demoledores, que lo digan todos los vates epigonales de esa prosa-poética. Pero qué pasará con Giaconi. ¿Quiénes serán sus continuadores? O peor aún, ¿cuántos han leído La dificil juventud? ¿Alguien tiene una copia de su magistral ensayo sobre Gogol? ¿Cuántos saben que sacó un libro de poesía Etc., por “La Calabaza del Diablo” el 2006? Dicen que, en sus últimos días, quería ir a visitar a Nicanor Parra. Faltó algún auto, algunos tripulantes salvajes que lo sacaran de su exilio en Lo Barnechea. Faltó, como siempre lo de siempre: valentía. Algo que Claudio Giaconi practicó a diario, pero que no pudo alejarlo de la canalla zona muda.
Queremos recordarlo en lanzallamas a partir de su respuesta, ante la pregunta sobre la escritura en la ya mítica antología de la Generación del ‘50:
¿QUÉ ENTIENDE USTED POR CUENTO?Un género que combina los elementos sensoriales –la supremacía de lo sensible a lo inteligible, del poema con el pensamiento en el que cabe el análisis, la composición psicológica – de la novela.
Es imprescindible que el cuento tenga algo que contar, algo definido (un hecho concreto objetivo, o bien psicológico, puramente psíquico, que se parcelará según sus partes: TEMA, DESARROLLO Y DESENLACE).
Resumiendo: las condiciones que lo significan son las inherencias a la forma. Un cuento es lo que la música de cámara a una sinfonía. La frondosidad orquestal de Bruckner o de Brahms está muy distante del mundo pianístico de Chopin o Schumann. En estos ultimazo la materia musical se da en estado de concentración, densa, apretada, sin subterfugios, constando de sonoridades puras; allí no cabe la morcilla, la divagación. Así es el cuento: un género de sonoridades puras.Claudio Giaconi en Antología del Nuevo Cuento Chileno de Enrique Lafourcade, Zig-zag, Santiago, 1954 (pág.121)
Fotografía de Marcelo Montecino New York, 1970.
