Quemar, demoler, olvidar

Crónica de Eduardo Bravo Pezoa

talca.jpg

Abrir Galería

A casi un mes de la catástrofe cultural todo parece haber regresado a su sitio. La siesta agraria ha comenzado nuevamente y no importa que la ciudad continúe siendo destruida a mansalva
Tras la sorpresiva e indolente destrucción de la casa Cuadrado, Talca perdió su inocencia y todas sus máscaras, dejando en evidencia el traicionero juego de la perdida de la memoria, y más importante aún, la total ausencia de un proyecto común de ciudad.
A casi un mes de la catástrofe cultural de mayor envergadura en la historia reciente de orgullosa capital del Maule todo parece haber regresado a su sitio. Nadie protesta ante la nueva esquina de especulación inmobiliaria que se abrió en Uno Norte y 3 Oriente, sitio eriazo en pleno casco histórico donde hasta poco se levantaba un vestigio colonial más antiguo que muchas construcciones patrimoniales de Valparaíso, y por ende, de un valor que ameritaba defender a sangre y fuego.
Se sabe que el edificio de la Aduana es el primero del barrio puerto y data de 1844. La casona Cuadrado fue construida en 1832, es decir, ¿aquí existen originales de arquitectura tanto o más valiosos que los de Valparaíso? Es tentador decirlo, sin embargo hoy ni siquiera se llora sobre el polvo derramado por una máquina de 20 toneladas rompiendo todo a su paso.
La siesta agraria ha comenzado nuevamente y no importa que la ciudad continúe siendo demolida a mansalva. Primero fue la casa donde vivió el escritor José Donoso, en la esquina surponiente de la Plaza de Armas, una estructura ahora fantasmal y semidestruida que según el autor de “Coronación” y “El lugar sin límites” perteneció a su familia desde 1725.
En este instante la casona Donoso cuelga del hilo de un recurso judicial. Aún es posible recuperar su perímetro y levantar en su devastado interior un edificio moderno, puede ser. Pero lamentablemente las señales son confusas. El alcalde de Talca, Patricio Herrera Blanco, respaldó la decisión del director de Obras Municipales, Alejandro Sepúlveda, de mantener en secreto el listado de al menos 50 casas que quedarían protegidas por una supuesta zona de conservación en la ciudad. El argumento esgrimido es evitar su demolición antes de la entrada en vigencia del nuevo plan regulador, lo que eventualmente sucedería a mediados de 2008.
Con esta actitud nuevamente se anula el proyecto común, se impide que desde este momento comience el debate para salvar, aunque no es la idea congelar toda la ciudad en aras de la conservación y convertirse en talibanes del adobe, sino de definir qué es lo más valioso de la herencia cultural de la capital maulina.
El historiador de Villa Alegre, Jaime González Colville, ironizó al respecto señalando que “cubrir con un manto las casas patrimoniales de Talca, para que no sean demolidas por sus dueños, es suponer que estamos en tal estado de barbarie cultural que la mera indicación de un sitio, lugar u obra de valor, la pone en riesgo de ser destruida”.
Así parece ser. El asunto provoca nauseas.
A fines de 2006 cayó el edificio de la llamada casa del Padre Manolo, de 2 Norte y Uno Oriente, sin dejar huellas visibles ni despertar polémica, aun cuando era considerada una construcción destacable con una fachada continua espléndida a la calle.
Estamos a tiempo. Es posible eliminar las rivalidades y los egos. El Consejo de Monumentos Nacionales se encuentra estudiando serias modificaciones para hacer más efectiva su legislación, asunto que está resultando en Valparaíso donde trabajan en conjunto con el municipio para mejorar los mecanismos de protección de la arquitectura fundacional.
Es tiempo además para que las escuelas de arquitectura de Talca se incorporen al debate sobre qué ciudad queremos: no sólo considerando como patrimonio a las casonas antiguas, sino también de la Alameda, los juegos infantiles, el borde río o el futuro paseo peatonal.
No es sano aceptar el secretismo como aval de conservación, tampoco nuevas promesas públicas con cobertura mediática que luego se convierten en traición. Esas decisiones no consensuadas ya demostraron su más rotundo fracaso.

Eduardo Bravo Pezoa

Periodista
Editor de Reportajes y Cultura
Diario EL CENTRO de la Región del Maule
www.diarioelcentro.cl


volver