Prefiero las maldiciones a los aplausos
Entrevista al escritor mexicano Guillermo Fadanelli

Ante los bostezos de sus camaradas, opta por estar con los chicos en algún bar del DF. Su novela Lodo (Debate) fue finalistas del Premio Rómulo Gallegos 2003. Autor de la serie de relatos El día que la vea la voy a matar (Grijalbo), hace tres años debutó por Anagrama con Compraré un rifle y La otra cara de Rock Hudson. Mientras, el 2006 regresó con Educar a los topos.
¿Cómo y cuándo nació Moho?
En 1989. Hartos de la política y la academia, un grupo de estudiantes de Ingeniería decidimos hacer una revista. El primer número fue dadaísta. La burla, el escarnio, el sin sentido nos parecieron un buen medio para criticar las instituciones, la pedantería científica y el mesianismo político. De allí derivó a una revista de gráfica y literatura.
Con tu obra, que ya ha logrado instalarse en España y Latinoamérica ¿Te sientes representante de algo o de algún grupo que aún no tiene la posibilidad por ejemplo, de llegar a Anagrama?
No, de ninguna manera. No asumo ninguna representación aun cuando tenga simpatías por ciertas tendencias de la literatura. No me imagino como el diputado de una corriente. No es así como veo el arte o la escritura, sino como un ejercicio de soledad. Por otra parte, la publicación siempre es consecuencia de un mal entendido. En la confusión que propicia hoy el mercado editorial casi cualquiera puede publicar.
¿Has escrito poesía, teatro?
Escribí poesía hace casi veinte años. Una poesía estridentista, digna de un ingeniero. Creo que es un género más, no el vehículo del espíritu o el género por antonomasia de la literatura. La leo sin pasión, como cuando leo un instructivo para armar un aparato electrónico. Prefiero leer teatro a asistir a un escenario. García Lorca, Ionesco, Ibsen, Lope de Vega, Beckett, Williams, y tantos escritores de teatro que han formado parte de mi mala educación.
¿Cómo es tu relación con los escritores mexicanos? Con Jorge Volpi, Mario Bellatin, Sergio Pitol, Carlos Monsiváis…
Mi relación con los escritores mexicanos es distante, a veces cortés, otras accidentada. Me gusta hacer bromas a sus costillas. No voy a cenas con políticos, embajadores, ni asisto a los homenajes que hacen a las glorias nacionales. Me la paso bebiendo en una cantina, escribiendo o leyendo. La mayor parte de escritores o artistas que frecuento son jóvenes. No es elección mía. Monsiváis es una figura nacional, un objeto pop; Pitol vive en Jalapa, o está viajando, no tenemos muchos amigos en común; Bellatin me es agradable, pero casi nunca nos vemos. Con respecto a Volpi me entero de él a través del periódico cuando le dan un cargo público.
¿Por qué escribir sino hay intenciones de trascendencia ni menos de dejar una huella literaria?
La escritura, en este caso la mía, no tiene afán de trascendencia en cuanto no ha sido pensada para sostener una ética o convertirse en la educación sentimental de nadie. Una vez muerto, me tiene sin cuidado si mis libros son leídos o no. Prefiero las maldiciones a los aplausos. Si escribo es porque no tengo más remedio, he aprendido a ganarme así la vida. Se escribe porque se tiene miedo, o porque el tiempo carece de respuesta, o porque una mujer te ha demostrado que tu papel en la tierra es innecesario. Qué sé yo, cualquier cosa. La escritura es también un juego metafísico, o por el contrario la puesta en práctica de una habilidad, un pasatiempo mientras llega la muerte. Hemos heredado un lenguaje que no nos pertenece, y que nos apropiamos en cuanto abrimos sus puertas para mirar hacia adentro. Más que dejar huella es un marchar hacia atrás, hurgar en el pasado.
¿Cuándo partes a Alemania y qué harás allá?
A fines de marzo. Allí haré lo mismo que hago en México, leer, escribir, angustiarme, todo lo que hace un hombre de bien. No sé alemán, pero estoy perfeccionando mi italiano.
Luego de su muerte, la obra de Roberto Bolaño se ha expandido cada vez más. ¿Qué opinión tienes del trabajo de este autor chileno que basó algunas de sus historias en México como en Los detectives salvajes y 2666.
Bolaño es un escritor real, me atraen sus libros aunque no me acostumbro a esa talentosa diarrea que fabula de manera volcánica. El gaucho insufrible, es un magnífico libro de relatos. Y Los detectives salvajes una de las mejores novelas de los últimos tiempos. Yo me habría ahorrado algunas páginas, pero en el caso de Bolaño me imagino que no habría sido posible.
¿Qué esperas de tu vida en los próximos 20 años?
Espero que mis enfermedades no sean demasiado vulgares. Escribir un par de novelas más. Alejarme un tiempo de la ciudad a la que soy adicto. Recuperar la cordura que he perdido a raíz de los tranquilizantes, las drogas y la maldad humana. Quisera escribir un ensayo sin citar a nadie, o conocer a una mujer que termine de arruinarme la vida.
