“Una ciudad abrasada por el fuego…”

Poemas inéditos de Javier Campos
nicaragua marcelo montecino

Toda belleza, transitoria, con el tiempo…

Toda belleza, transitoria, con el tiempo,
son seres que caminaron a nuestro lado, o se quedaron
con su amable compañía, temor,
o una vieja nostalgia,
toda belleza fueron terrores de la esperanza,
búsqueda milenaria de la felicidad
cercanía de la muerte, angustia de cerrar los ojos
para siempre,
a lo mejor la belleza fue creer en otros paraísos,
paisajes donde quisimos quedarnos para siempre
junto al ser, o a los seres más amados, aquellos que nadie sabe
adónde se fueron,
toda belleza es siempre una imagen de la infancia
cuando creemos que en la irremediable vejez se nos van muriendo paisajes,
lugares ya lejanos que nos siguieron durante toda la vida,
gentil aire fresco de una casa al lado del mar,
o carbonizada en un bosque de Hadas,

toda belleza fue alguna vez espejo candente
reflejando huracanes de agua sexual
aquello que no volverá a ser otra vez real
sino imagen de fuego volcánico, estrella veloz,
perdiéndose para siempre por entre todo el universo infinito.

Llama cálida y desnuda

Ya no alcanzaré la belleza que pasa cerca de mí,
una llama cálida, desnuda,
a la que me condenan no tocar
¿de qué vale haber recorrido todo el universo?
pregunta mi todavía sangre en llamas

Sin embargo nada me asusta, vi infinitas como ésta
y las pude palpar cuando quise
y me besaron con su fuego cálido por siglos,
en los graneros olorosos de la luna llena
en los árboles sin ramas de una ciudad abrasada por el fuego
así fui feliz sin darme cuenta del paso del tiempo

Y he aquí que me sigue esta belleza que hoy me es prohibido siquiera rozar,
está tan cerca de mi cuerpo, me quema su perfume calcinante

Aunque he perdido la memoria de todos los lugares del pasado
y en libros está escrito que viajé a las partes más remotas del Universo;
sólo me han dejado para que sobreviva
una mirada melancólica
y también, como tormento,
el fino olfato del tigre salvaje.

El poeta pobre

Juventud, divino tesoro
Rubén Dario
Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante.
Roberto Fernández Retamar
Yo también en mi dorada juventud fui un poeta pobre,
miles de noches me dormí, como el poeta ruso Serguei Esenin,
mirando las estrellas desde un pajar;
navegué a regiones desconocidas, sonámbulo,
en barcos estancados en la arena de mi pueblo,
y como Ulises regresé cuando quise a mi lejana Itaca
sin que ningún cíclope me impidiera el regresoTambién en mis momentos más tenebrosos o despechado de amor
cometí cientos de suicidios con el mismo revólver del poeta Maykovsky
cuando a los 30 años se disparó en la cabeza;
o anduve por kilómetros sin rumbo fijo
hundiéndome en el mar un día hermoso al atardecer
como se suicidó la poeta Alfonsina Storni
entrando semidormida en las olas del océano

También bebí los vinos más deliciosos del planeta
sin siquiera tener un viñedo propio
ni tampoco un racimo entero de uvas que llevarme a la boca
en el verano
como Lázaro de Tormes

Me embriagué con otros manjares venidos desde los Jardines de Babilonia
o de un vaso de oro que tomaba Sherezade
mientras contada mil historias maravillosas cada noche
para que no la mataran

Probé los venenos de las hierbas más milenarias de la tierra
aquellas que los toltecas tomaban mirando el atardecer
en una playa de Oaxaca
o las que bebían los faraones antes de morir
para soñar con el paraíso que les esperaba

Leí miles de libros en una biblioteca vacía de mi madre pobre
mientras en nuestro palacio de oro yo esperaba por siglos,
muerto de hambre, de sed y de frío,
para que ella me hiciera dormir
leyéndome uno de esos libros inexistentes
de nuestra extensa biblioteca de Alejandría

En mi adolescencia como todo poeta pobre
escribí hasta altas horas de la noche
en papeles inmaculadamente blancos
fumé todas las hierbas alucinógenas sin volverme demente
ni perdí la lucidez rescribiendo inútilmente por horas,
afiebrado de imágenes,
nada más que un sólo verso

También vestí los más hermosos trajes
y me rodearon hermosas mujeres invisibles
de todos los lugares del planeta,
viaje por lugares ignotos, hasta llegar a otras galaxias,
sin moverme siquiera de mi miserable guarida

Me envidiaron miles de otros poetas jóvenes pero ricos
esos que obtuvieron todos los premios inimaginables
y también me envidiaron los tocados por el don de la Poesía,
los que fueron aclamados por reyes, presidentes,
dictadores y príncipes,
o recibidos por las azules muchedumbres como le ocurrió
al poeta Rubén Darío joven
y al poeta Rubén Darío viejo

Aunque todos ellos me desdeñaron y me quitaron el saludo
- mientras continuaban recibiendo premios,
invitados por los países ricos y por los países pobres -
ellos jamás citaron en sus libros al poeta pobre
aunque sí copiaron todos mis versos inéditos
y plagiaron todos los libros que nunca escribí.

Devolver al remitente (Correo de Managua, Nicaragua), II

Para Pablo Salomone

Pablo, el guerrillero de Argentina, iba con su metralleta,
era una tarde de 1978 o 1979 en Managua
hacia calor de mil demonios, en un papelito tenía la dirección
de su contacto. Nada sabía de Managua, apenas un mapa, y aquel
papelito con la dirección de la comandante Gloria, 19 años, color del chocolate.
Mientras corría el joven argentino, agazapado entre árboles y casas,
seguía en el papelito la dirección:
“Al llegar a la esquina de el bar Los Olvidados, siga 3 cuadras,
cuidado con el portón de Guillermo el poeta que puede descoyuntarlo si no lo ve,
siga por la derecha y pase tres casas amarillas con rejas,
camine sin hacer ruido por la reja donde hay tres árboles de mangos
y al frente verá una pared pintada de rojo y negro
hay agujeros de balas de los hijos de puta de Somoza,
en la esquina está la casa de su contacto,
en la ventana habrá un florero con una flor
debe silbar el bolero Nosotros por un buen rato.
Si el florero desaparece, toque la puerta tres veces”.

De eso hace ya muchos siglos. El mundo anda de otra manera.
Se derrumbó todo el campo socialista. Pablo no murió en aquella
guerra en 1979. Aún guarda aquel papelito de su contacto
con la comandante Gloria.
Recién pasó por otra Managua y buscó la misma dirección.
La dirección era la misma, excepto que en la pared pintada de rojo y negro,
con los mismos agujeros de la Guardia Nacional de Somoza,
había ahora un mural con una foto del mismo comandante Daniel Ortega,
de candidato a presidente, apoyado por el partido de Somoza.
El mismo de la dinastía de los Somoza quien ordenó matar a aquella muchacha
mientras un guerrillero adolescente argentino
silbaba un bolero una tarde con un calor de mil demonios.

El poeta joven en Cuba

Señores imperialistas,
no les tenemos absolutamente ningún miedo(Graffiti cerca del malecón en La Habana,
y a poco metros del edificio de la Sección
de Intereses Norteamericanos en Cuba)
Nosotros, los sobrevivientes,
¿A quiénes debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo?Roberto Fernández Retamar
No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones
públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vistaDanilo Kis

Yo nunca visité aquella isla
y por siglos traté de entrar pero mi nuevo país
(es decir EE.UU.) nunca me dio permiso,
aun cuando fuera un indefenso poeta joven
y lleno de ideales

cuando ya iba dejando de ser un joven poeta
(todo poeta sabe el comienzo de esa etapa)
tampoco el departamento del tesoro norteamericano
me dio permiso
entonces como consolación
yo miraba Cuba desde un mapa en Internet,
leía sus revistas, seguía por la televisión en RealPlayer
sus programas para el pueblo,
sus estadísticas sobre un país sano y educado,
la gente allí en esa isla sabía más sobre los problemas de los países
del tercer mundo,
de la guerra en Afganistán, de la destrucción del Planeta
por los países ricos,
que toda la gente más común de los mismos Países Ricos
y Países Pobres juntos,
es que allí la información no se ocultaba y se compartía

leía que los cubanos (un grupito minoritario)
en el exilio de Miami
obsesivamente soñaban con hacer polvo
(lo cual era cierto)
aquella bella revolución donde la medicina y la educación
eran gratis
que ni siquiera lo eran en los Países Ricos
y menos en los Países Pobres,

cuando yo sentía que no era más un poeta joven
seguía intentando entrar a Cuba,
pero de nuevo mi país de adopción, o sea EE.UU.,
otra vez no me dio permiso,
había pasado siglos pidiendo visa,
autorizaciones camufladas a través de Universidades,
falsos viajes de intercambio escolar que no fueron permitidos,
miles de maneras de ir a la bella Isla de Cuba,
incluso Fernández Retamar me estimaba mucho
(él tampoco parecía envejecer nunca)

yo me moría por conversar con su gente,
la más libre del planeta,
eso decían los cubanos mismos
hasta en su página oficial de Internet,
y por supuesto los Intelectuales
de izquierda que aun quedaban o en El Primer Mundo
o en el Tercero
pero de eso hace siglos

y nunca me dejaban entrar a Cuba,
ni siquiera como poeta maduro (hace mucho
que había dejado de ser el poeta joven
pero seguían transcurriendo los siglos),

tampoco yo quería que la sociedad de escritores y artistas
de Cuba
me invitara a mí en forma especial
(había muchos poetas más famosos que yo
como Raúl Zurita o como el escritor homosexual
Pedro Lemebel,
que eran constantemente invitados allí
y siempre hablaban en Chile
maravillas de Cuba)

Yo envidiaba al poeta Zurita y a Lemebel pero sin rencor
aun cuando el primero fuera muy anciano y el segundo
también

tampoco me importaba (y continuaba pasando el tiempo)
por qué
muchos querían dejar la isla
(bueno, se sabía que era por culpa de la maldita
ley norteamericana llamada
“Ley del Ajuste Cubano”),

pero yo seguía pensando, “si el poeta Zurita y Pedro Lemebel
no se cuestionaban eso de huir en balsas de la Isla
a pesar de los tiburones y las tormentas tropicales
y también muchos otros que eran invitados
continuamente a la Isla tampoco se lo cuestionaban
¿por qué iba a cuestionarme lo mismo?”

o sea, todo era por la presión de EE.UU. y los de Miami,
y yo decía que sí también:
“era la presión capitalista y globalizada del país
más rico del Universo junto a la diabólica
amenaza de la mafia de Miami.” Eso repetía yo

cuando me convertí lentamente en un poeta anciano
yo aún seguía con el deseo de ir a Cuba
pero tampoco se pudo,
me seguía conformando con el viaje virtual
por Internet (ya me costaba fijar los ojos
en la pantalla)

a esas alturas la globalización tecnológica
había avanzado tanto que la Isla
era mucho más real que la realidad misma,

es decir, la realidad virtual era casi mejor
que la propia realidad
según yo leía en cámara lenta en el Granma cada día en Internet
o en cualquier publicación desde Cuba en Internet
o sea era la misma (incluso mejor) información:
mi perfecta mi bella mi utópica isla
era eterna
en Internet

yo seguía pensando, incluso ahora
que soy un poeta muy pero muy anciano,
que si no se permitían obras literarias
de los cubanos de afuera
o sea dentro de ese lugar maravilloso
cercado por EE.UU.

(por ejemplo no se permitieron
las obras de Reinando Arenas
por muchos siglos
y otras obras de tantos más)

es que iban a contaminar la bella isla
con un virus fulminante,
hacer estallar aquella perfecta realidad que se contaba
desde dentro (bueno, desde la mesa del ancianísimo
y querido Fidel que aún seguía vivo)

¿pero por qué la revolución le teme tanto
a un par de novelas y a un puñado de poemas?
(esa es la pregunta que los poetas ancianos
nos hacíamos continuamente, a lo mejor con inocencia
y mucha ternura porque la edad nos cambia mucho)

ya estoy a punto de morir, han pasado más siglos,
(incluso Fidel es mucho más viejo que yo pero sigue
como si viniera bajando de la Sierra Maestra cuando
lo de 1959)

pero aún mantengo la esperanza, la alegría,
de conocer el paraíso del Hombre Nuevo
y de la Mujer Nueva
aquel que soñé
desde que fui en un tiempo muy remoto
el bello poeta joven, tierno e ingenuo;

pero también veo que hasta el final de mis días,
después de siglos y siglos de espera,
deberé conformarme únicamente
con la realidad virtual
(de la que ahora sólo veo luces de colores
en la pantalla, igual a los cometas que pasan veloces
y dejan únicamente
una luz muy brillante en nuestros ojos)
sin embargo,
esa realidad realmente para mí
es mucho más hermosa y perfecta
que la real isla
llamada
Cuba

a la que por milenios soñé visitar
y nadie nunca me invitó
ni tampoco jamás me dejaron entrar.

Selección realizada por el propio autor de su libro inédito, pronto a salir en Chile después de El astronauta en llamas (LOM, 2000).

Foto: Serie Nicaragüa, Marcelo Montecino.


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