Nada se escurre

Presentación de Ripio Ediciones
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Alejandra Fritz, Enrique Winter y Hector Hernández, son los primeros autores publicados por Ripio Ediciones, ellos dan la partida a la colección de Plaquetas Nada se Escurre donde, la intención editorial, fue integrar el trabajo de estos tres poetas al de los artistas visuales, Adrián Gutiérrez, Alex Jamett y Pamela Fritz respectivamente, quienes realizaron una interpretación o lectura de los trabajos, graficada en cada una de las placas publicadas y expuesta durante el lanzamiento realizado el día 22 de Diciembre (2006) en el centro cultura Espantagruélico que contó con la prestación del poeta Héctor Figueroa quien además, es autor de las contratapas en los libros. Una edición de 300 ejemplares es el resultado de este proyecto que integra plástica y poesía, donde cada placa es totalmente diferente de las demás, ya que son fragmentos de las pinturas lo que compone las portadas en cada uno de los libros, que al interior contienen el trabajo completo de los artistas. La editorial continuará con esta iniciativa que se repetirá dos veces por año, por lo cual sigue recibiendo material a la dirección RipioEdiciones@gmail.com. Los libros están disponibles en librería Metales Pesados.

Christián Aedo

MUDAS. De manera planta o moviéndose, la voz de esta poeta, minimalista, certera, nos entrega una mirada cotidiana que en sus intersticios, nos invita a presenciar un verano solitario, con jazz de fondo, junto a una familia chilena a punto de sucumbir, viajes de topos suicidas en el metro o frente a una Matruschka jugando a ser ciega. Con canícula y pena, con muda – en sus 9 lindas acepciones -, bajo mudanza o mudez, unas ganas de comprar cortinas para que no entre la luz en aquella habitación donde está o no está el amado.
Alejandra Fritz nos da a conocer poéticos fragmentos, además de textos contundentes y redondos como Welcome, Tour y Cumpleaños, poemas que sencillamente se agradecen.
AY DE MÍ. Ay de mí y de todas las editoriales independientes tan bellas y heroicas, dice el autor y lo repito yo también, pensando en “Ripio Ediciones”. Imprecatorio a la De Rokha, rabiosamente lírico a la Ginsberg, este libro está hecho para “tantas personas tan lindas que no saben que lo son”. En esta última publicación de Héctor Hernández Montecinos, el hablante nos dona (escupiéndonos directamente a la cara a veces) una poesía valiente, intensa, contingente, hermosa, siempre vital. Podrían decirse muchas cosas más acerca de este anafórico Ay de mí, como que cada lector, por ejemplo, puede elegir la oración que más lo transporte o convenza; mientras tanto, digamos tan sólo que estamos ante uno de los más valiosos poetas chilenos actuales.
RASCACIELOS. Siempre me ha causado una saudade infinita esa hora Lowry, que le llamo yo y tal vez otros dipsomaníacos, de “Las sillas boca arriba sobre mesas vacías”. En este libro hay uno de esos momentos, memorables, como lo son también algunos de los protagonistas de estos breves y nítidos poemas: un chofer descarado que maneja un camión con el nombre de su amante puertorriqueña (Merlina); un jardinero del parque Gómez Rojas, Marta la solterona o una tal Brenda en un bus pirata (sincero homenaje al 2666 del latinoamericano). Bajo estos cielos rascas, sorpresivamente, se puede escuchar cualquier cosa, por ejemplo: “Todos los resentidos que conozco / se enamoran / de la primera cuica que los pesca”. Es chorito pa sus cosas este poeta, no lo conocía, se las trae, me entretuvo asaz su lectura como diría Sancho.

Héctor Figueroa.


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