Escritura de la crueldad

Entrevista a Amélie Nothomb
Amelie othomb

¿Dónde vive exactamente Amélie Nothomb?
Qué se yo.
Entrevisto a la Nothomb y nunca le pregunto dónde vive. Para qué iba a preguntárselo.
Hace unos años soñé que alcanzaba a entrevistar a Marguerite Duras y tampoco le preguntaba dónde vivía. Para qué iba a preguntárselo.
Antes de seguir: ¿Amélie Nothomb o A. Homes?
Amélie Nothom. Por ahora.

Amélie Nothom (Kobé, Japón, 1967), hija de padres belgas, vivió durante su infancia y adolescencia en el extremo Oriente. Tras estudiar Filología románica, decide dedicarse por completo a la escritura y se instala a vivir en Bruselas. Comienza su carrera literaria a los veinticinco años con Higiene del asesino (Hygiéne de l´assassin), publicada por Éditions Albin Michel, en 1992. Traducida por primera vez al castellano en 1996 por ediciones Circe. Luego vinieron Las Catilinarias (Circe, 1997) y Atentado (Circe, 1998). En el 2000 Editorial Anagrama comienza a publicar sus libros: Estupor y Temblores (2000); Metafísica de los tubos (2001); Cosmética del enemigo (2003); El sabotaje Amoroso (2003); Diccionario de nombres propios (2004); Antichrista (2005); y Biografía del hambre (2006). A fines de enero se publicará su novela Ácido sulfúrico (Acide sulfurique).

En los libros de Nothomb hay personajes desvalidos, horribles, asesinos despiadados. Pequeños monstruos que nos gusta observar. A veces, exceso de trivialidades, enormes trivialidades como confesiones de una niña que no tiene contención y va relatando todo lo que le sucede y nos sumerge en una asfixia, en una dulce y exquisita pesadilla. En otras entrevistas Nothomb no tiene pudor de hablar de sus momentos de horror. No sé porqué me niego rotundamente a preguntarle por ellos.

En los libros de Nothomb también hay adolescentes lésbicas, bulímicas, anoréxicas, hombres castos por feos. Hay besos impíos. El beso final. El beso que seguro lo aprendió en Hollywood. Ó tal vez cuando vivió de pequeña en Nueva York. Qué bien. Uno quiere aprender a dar de esos besos: a mujeres, a adolescentes, a hombres horribles. A Epiphane Otos, al más horrible del mundo, con su cara de oreja. Que Epiphane termine clavándome unos cuernos de toro en los riñones por niña mala. Quiero ser ese modelo. El más horrible con zapatillas Converse o Puma. El más feo del mundo, que llega a tener tanta gracia de serlo. Por el que vomitan las señoras y los niños en la calle. El que toma un avión a Tokio a ser jurado de un concurso de moda. Y eligen a la brasileña porque muestra una bonita sonrisa. Quiero ser esa modelo. Quiero ser la niña que se desnuda y dice Oh, no tengo pechos, no tengo cintura, no tengo nada. ¡Mamá, quiero llorar! Y mamá me observa desnuda y se ríe con Antichrista, niña rica, niña con demasiado dinero y amigos y muchas sirvientas para ella sola. Quiero subirme arriba de la mesa de mi oficina y estar desnuda con Amélie de Estupor y Temblores, y que todos mis compañeros me miren y transformarme en un pequeño insecto, y mutar en silencio para que no me cambien de oficina. Y que todos aplaudan al final y digan: ¡Bravo!

Amélie Nothomb se confiesa con pocas palabras en la entrevista, y en esas pequeñas confesiones, me envuelve, al igual que en sus libros. Sutilmente, sin darme cuenta, estoy adentro de ese mundo extraño. Ningún tratado enorme de Literatura, menos una lista de sus amigos favoritos. Es precisa, más bien diría ultra civilizada. No recibo un e-mail con sus respuestas, me pide mi correo postal y me envía, en un pequeño lapsus de tan solo dos días, sus respuestas escritas a mano.

Nothomb reconoce en sus libros un fuerte tiente autobiográfico. En su vida un fuerte tinte literario. Se fue construyendo de palabras, de actos voluntarios. A los trece años se niega por completo a comer. Más que caer en una anorexia, ella señala simplemente, la “… necesidad de vivir la experiencia de no tener hambre… la ausencia de hambre es un drama que nadie ha estudiado… Tener hambre es terrible, pero no tener la posibilidad de pasar hambre es aún peor.” Y es que su padre era un diplomático Belga. Embajador en Bangladesh. Y ella a sus trece años decide dejar de comer porque “… no se puede ver cada día, libremente, el espectáculo violento y constante del hambre, vivir rodeado de gente que muere porque no tiene qué comer.” Luego, con ese material, a los treinta y algo, ella escribe su Biografía del hambre. En su regreso a Japón a los veintiún años, intenta integrarse a la Cultura japonesa, conseguir un trabajo digno. No es acogida. La acusan de ser belga (búlgara) y no japonesa. Con ese material escribe Estupor y Temblores.

C.A. Amélie… Cada vez que leo un libro tuyo, me queda la idea de que la escritura de la crueldad te es muy atractiva. La crueldad como lo que más coge al lector, y de tanto cogerlo, ya lo va encontrando bello, hermoso, fascinante, un gran vicio …“El sufrimiento es para los que me ven…” Qué hay en esa búsqueda de hacer ver la extrema crueldad (y supuestamente, esa forma de belleza).

A.N. Ser feo es una gran crueldad, pero la extrema crueldad es ser extremadamente bello.

C.A. Qué tiene que ver la fealdad con la escritura. Prétextat Tach dice que escribe porque es feo. Si no fuera feo, no escribiría.

A.N. Prétextat Tach soy yo. Escribo porque soy fea.

C.A. Qué tiene que ver la comida con la escritura. Si no se escribe, se come. Si uno no escribe, se transforma en obeso, en un gourmet. Como que fueran dos grandes placeres súper conectados.

A.N. Hay una misteriosa conexión entre comer y escribir. Si logras encontrar el gran placer de la comida, luego cambias el alimento que comes por tinta. Es decir, es un tipo de alquimia.

C.A. Por qué la idea de trabajar con personajes e ideas tan extremos. Los más obesos, los más anoréxicos, los más feos, los más humillados. Por qué escribes desde los extremos.

A.N. Sólo veo los extremos. Estoy cegada para ver lo medio. No veo lo medio de las personas y las cosas.

C.A. Siempre está en primer plano el trauma de lo corporal. De la experiencia del cuerpo. El cuerpo violado, humillado, el cuerpo horrible, desgastado, enfermo, obeso. ¿Qué pasa con la escritura y el cuerpo?

A.N. Escribir es primero que nada, un acto corporal. Nietzsche dice: “El cuerpo es la gran razón”. Para escribir necesitas mucha energía en orden, en equilibrio. La energía viene del cuerpo.

C.A. Pareciera que tu principal fascinación en la escritura de un libro es delinear a un personaje. Más que trabajos sobre la trama, la estructura del texto, va por sobre todo entregar al lector un personaje extraño, horroroso. Podríamos pensar el transcurrir del tiempo en tus libros como la caída que va teniendo cada uno de esos personajes en sí mismos y sus desgracias.

A.N. Qué tienen que ver los otros asuntos con la vida.
Muchas personas son realmente increíbles: Sólo abre tus ojos y cuenta, escribe lo que ves. Esa ya es toda una trama.

C.A. Si miramos tus personajes ó algunas escenas desde una lógica clásica, me encuentro con algunas escenas que me parecen sumamente inverosímiles a simple vista. A veces parecen cuentos de terror para niños. Es importante para ti el trabajo con lo onírico o lo inconsciente.

A.N. Estoy de acuerdo. Escribo de aquello que no comprendo. El inconsciente es mi herramienta de trabajo.

C.A. Los finales de tus libros están marcados por una ironía brutal. A veces parece la estructura de un cuento. El final es el que te golpea y que muchas veces hace cambiar de giro todo lo leído. ¿Cuán necesaria es para ti la ironía en la escritura?

A.N. El significado de la ironía es “la pregunta”. Yo siempre me estoy preguntando por la realidad de mi trabajo. ¿Realmente existe todo esto?

C.A. Cada libro tuyo puede ser leído también como una especie de autobiografía ó pequeños recuadros de tu vida. ¿Cómo haces esa mixtura entre biografía y ficción? Dónde parte una, dónde termina la otra.

A.N. Eso depende del libro. Estupor y temblores es cien por ciento autobiográfico. Higiene del asesino es cien por ciento ficción. Curiosamente tengo el presentimiento de sentirme más cercana, sentir que todo es más personal, cuando escribo ficción.

C.A. A pesar de haber vivido muchos años en Japón, lo muestras como un lugar hostil. Te viste rechazada por esa cultura, o por lo menos, en algunos de tus libros como Estupor Y Temblores, Atentado y Biografía del hambre hay algo de eso. Hay una constante en tu escritura, un sello de destierro que te duele.

A.N. Japón es mi país favorito. Mi país más hondo (profundo). Los amores son siempre violentos.

C.A. Curiosamente tu primer libro es de un hombre ya maduro. Un escritor a punto de morir que no quiere comunicarse con nadie. Ha publicado más de veinte libros. Escribió de forma compulsiva durante más de cincuenta años. Si bien es el primer libro que publicaste, pareciera como que fuera el último. Es como que hubieses comenzado de adelante hacia atrás a reconstruir tu historia.

A.N. Higiene del asesino es mi programa. Es mi libro “profético”. Ya lo verás (todo lo puedes ver como una parte de él).

C.A. ¿Crees que ser escritor (como dice el personaje de Higiene del asesino) es el “oficio más impúdico del mundo… los escritores no hacen otra cosa que hablar de sí mismos, y además con palabras”?

A.N. Es así. ¡Qué obscenos somos!

C.A. ¿Qué lees? ¿Qué escritores te atraen?, y ¿de qué más se alimenta tu escritura?

A.N. “Yo leo de todo y como de todo” (Yo leo tanto como me alimento). Leo muchas novelas o literatura clásica tanto como leo novelas sentimentales. Ahora leo a Óscar Wilde, a Mishima, a Chuck Palahniuk…

C.A. ¿Qué hay en contra de la tecnología? Internet sobre todo.

A.N. Me opongo a ella porque soy prehistórica. Y además soy una persona torpe.

C.A. ¿Me dirías algo de Ácido Sulfúrico?

A.N. Es una novela peligrosa, pero hay mucho virtuosismo ahí.

C.A. Independiente de todo lo que ya hemos conversado. Compartes la idea de Prétextat Tach de que las entrevistas no sirven. Que le desagrada mucho hablar de lo que escribe.

A.N. En realidad. ¡Qué absurdo es estar respondiéndote!

C.A. ¿Quieres agregar algo?

A.N. Muchas gracias.

por Claudia Apablaza (2007)

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