Diálogos imposibles

Entrevista a Martín Gambarotta por Matarazzo

gambarota.jpg
Martín Gambarotta nació en Buenos Aires en 1968. En el año 1995 obtuvo el Primer Premio en el I Concurso Hispanoamericano Diario de Poesía con su libro Punctum, SEUDO publicado por Libros de Tierra Firme. , su segundo libro, fue publicado por ediciones VOX en el año 2000 y este mismo año acaba de publicar, por la misma editorial, su último libro Relapso+Angola.

Con mucha responsabilidad y como él dice “honestidad intelectual” se presto a este diálogo sordo. Un día recibió las preguntas por mail y sin diálogos de por medio, tiempo después, recibimos las respuestas. Esta práctica no puede llamarse entrevista (no hay miradas que se crucen, ni voces, ni gestos, ni silencios) ¿Cómo la llamamos entonces? ¿Qué nuevas posibilidades y que limitaciones nos ofrece? Las respuestas hay que buscarlas en los resultados. Abrimos tres diálogos imposibles, la tarea del lector: captar lo posible de lo imposible.

El trueno, por decirlo así
habla por sí mismo.
El relámpago no habla.
Escribe.

…………………………………………………

El trueno es el gong
que marca el fin del relámpago.
Pero acá no se habla de trueno
sino de relámpago.
El relámpago muere
antes de aparecer.

Es lo que no es.
Invierte los procedimientos
de la creación.

Estoy con tu libro Seudo, siento que es un libro inmenso, pero por algún lado hay que entrar, para eso me gustaría establecer un diálogo.
Arturo Carrera en una entrevista nos dijo que la fotografía, como el haiku, es un carpe diem póstumo. Un carpe diem leído así es un instante de intensidad, tu libro capta muchísimos de estos instantes que mueren antes de aparecer, ese dejo de tristeza que contamina todo lo que es lo que no es.

…tomó el té y después
con una cuchara comió las hebras
que quedaban en la taza…

Si yo te digo que este poema tuyo es un carpe diem póstumo, ¿qué me decís? si le dicen a Pseudo que eso no es un nombre y él lo busca y no lo encuentra porque se mueve todo el tiempo y no se deja ver, eso no es un instante… cargado de incertidumbre…

Bueno, francamente “carpe diem” y “haiku” no son términos que tenga muy incorporados. Si hago un esfuerzo puedo tratar de recordar lo que alguna vez supe que significaba “carpe diem”, pero tampoco estoy interesado en eso. El uso de la forma del haiku, por otra parte, está un poco gastada, ¿no? Seudo no fue pensado en esos términos. Así que si me decís que un texto es un “carpe diem póstumo” no sabría qué responderte. “Tristeza” tampoco es una palabra con la que sienta mucha afinidad para hablar del texto. Creo que por ahí el asunto pasa un poco más por el verbo “captar” que usás en tu pregunta. Según María Moliner “captar” significa agarrar “a alguien o algo una cosa e incorporársela o hacer uso de ella” o bien “percibir con los sentidos o mediante un aparato adecuado una onda, un mensaje, un rumor, etc., débiles o producidos lejos y no perceptibles en cualquier circunstancia.”

Este es un diálogo sordo. No puedo escuchar tus respuestas, pero también es interesante porque eso me permite hacer entrar otras voces a dialogar con vos. Estamos en la clase de Literatura Contemporánea y el profesor Raimondi escribe con tiza en el pizarrón verde:

La gallina en su cama de paja
empolla un huevo en una caja
la tierra para quien la trabaja.

No me acuerdo a que venía esa aparición, pero recuerdo que hablamos, debatimos y en esos debates nos detuvimos en el último verso, esa consigna medio anacrónica que seguramente estuvo en tantas banderas que perdió el sentido, puesta a la misma altura que los dos versos anteriores, puesta en evidencia.

Después leo:

Donde se hirvió leche
se puede hervir un choclo
pero no se puede hervir una idea
una idea se puede hervir
donde se hirvió un huevo.

¿Cómo queda una idea hervida? ¿no tiene gusto a nada como la verdura?

Hace falta una gallina, un huevo, una caja y un poco de paja para poner al desnudo palabras cargadas de sentido pero sin ideas. Entonces ¿el huevo es el mismo?

Acá perdí un poco el hilo de la pregunta. Es difícil ponerse a comentar textos de uno. Pero vuelvo a lo que estás documentando: Sergio haciéndolos debatir acerca de unos versos escritos en lo que supongo es un pizarrón de la Universidad Nacional del Sur. Para aportar algo apenas puedo dar más datos documentales: en los ‘70 mi viejo dio clases de economía en la UNS; de chico viví en Bahía Blanca; después nos fuimos. Tomo lo que me contás como un pequeño, pero a la vez complejo, suceso político. Sergio en un momento se tomó el trabajo de comentarme que estaba usando ese texto en sus clases. Cuando me lo contó se me acoplaron los datos documentales que ahora aparecen en esta pregunta: clase de literatura contemporánea en los ’00 + tiempo vivido en Bahía Blanca en los ‘70 = todo lo que sucedió en ese lapso. Ahora, el acople ese del que hablo creo que se me produce porque usaron ese texto en particular. Una lectura posible es que el texto deja en evidencia que la consigna, al menos en Argentina, perdió sentido por completo. Otra manera de verlo es que en realidad al llevarla a tal extremo la consigna recobra sentido o que, en realidad, nunca lo perdió. Y otra lectura que hago es que la consigna del final cumple otra función: la de ponerse serio abruptamente. Es como cuando uno está en una reunión y todos están tomándose las cosas en joda y de pronto alguien se pone extremadamente serio y lanza un comentario violento que corta con el clima de jolgorio imperante. No se sabe lo que va a pasar inmediatamente después de eso. No sé, son las lecturas que hago de ese texto. Por otra parte, creo que con su trabajo en general Sergio está redefiniendo un poco el concepto de difundir poesía que venía preponderando últimamente. Con mi camarada Alejandro Rubio a veces nos hacemos un chiste: Raimondi mató a la poesía de los ‘90. Hablando en serio, en lo personal Poesía Civil y todo el trabajo de Sergio me sirve para tratar de ser intelectualmente honesto.

Composición tema: las dificultades que presenta el lenguaje, la lengua materna y el bilingüismo en el libro del alumno Martín.
Seudo a veces piensa que tiene dos lenguas maternas pero se da cuenta que eso es imposible entonces una le molesta, le repiquetea, la otra se le olvida y no sabe entonces si es un sujeto o un objeto…

Se asomó por la ventana.
El idioma insoportable era el idioma de la ciudad
donde vivía. En la calle había letreros
en ese idioma, que no entendía o no
quería entender. En realidad no estaba
muy seguro de si el idioma que se olvidó
era su lengua materna o no. Siempre
pensó que los dos idiomas que sabía
funcionaban como lengua materna. Pero
tener dos lenguas maternas es imposible,
es como querer tener dos madres.

>todos los poemas son del libro Seudo, Editado por la editorial vox en el año 2000

Vamos a entablar un diálogo un poco difícil de concretar, la escritora norteamericana Gertrude Stein decía que le encantaba escribir en Francia porque tenía “todo el inglés para ella sola”. Esta situación le permitía convertir al sujeto hablante nativo de inglés norteamericano en un objeto de arte. Volviendo a la Argentina, en tu caso a Buenos Aires, que le contestás a la amiga Gertrude si dice Yo no lo entiendo a este chico… cómo se llama… Pseudo o Seudo… Seudo, bueno, yo no entiendo te decía ¿cómo puede ser que no le encante tener dos idiomas? Cómo puede pensar que es una rata bilingüe…?

Un arzobispo trotskista del siglo pasado dijo: más difícil que poder escribir en otro idioma es poder sentir en otro idioma. En esos términos nadie es bilingüe. Ahí debería terminar la respuesta. Pero por ahí la brevedad da a entender erróneamente que estoy contestando de mala gana, ¿no? Está bueno lo que dice Stein. Para darle funcionalidad en el presente sólo habría que reemplazar un par de palabras y decir, “convertir al sujeto hablante nativo de castellano argentino en un objeto de arte”. Pero también hay un poco de soberbia modernista en lo que decís que dijo Stein acerca de su estadía en Francia. Se puede tener “todo el castellano para uno solo” en Bahía Blanca o en una cocina de Villa Crespo, el barrio árabe-judío de Buenos Aires. Vuelvo sobre la frase modificada de Stein, “convertir al sujeto hablante nativo de castellano argentino en un objeto de arte.” Adhiero a eso, claro. Pero, ¿existe un solo sujeto hablante nativo de castellano argentino? En determinados momentos, por distintas razones, a la Argentina regresan un montón de ciudadanos con el idioma cambiado. (En los ‘80 esto, para dar un ejemplo, resultó en algo bastante cómico: Isabel Perón regresó a la Argentina hablando como una española). Cuando se habla de estos asuntos es muy fácil ponerse melodramáticos y usar palabras gastadas. Pero la idea es ser objetivos y analizar la situación desde el punto de vista del habla: durante la última dictadura, y es solo un ejemplo, hubo una expulsión de ciudadanos que, paradójicamente, no tuvieron que soportar el idioma oficial que hablaba el régimen militar que los echó. Para llevar las cosas un poco más lejos: los niños expulsados aprendieron una versión rara del castellano argentino gracias a que sus padres les seguían hablando en “el idioma nativo.” Es una lengua que esos niños aprendieron, literalmente, en la cocina de sus casas y que no escuchaban en ningún otro lado. Por ahí con sus hermanos los chicos hasta hablaban en el idioma del país en el que vivían. Raro, ¿no? La pregunta sería, ¿se puede hacer objetos de arte partiendo de lo que dice (y, habría que agregar, oye) ese sujeto hablante dos veces foráneo? No sé. Ahora se me ocurre una definición de idioma nativo: el idioma que se habla en tu casa.
Entrevista on line de Matías Matarazzo.


volver