Wagner Lisérgico

Foto esmaltes por Alejandro Wagner

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El universo se muestra en los volúmenes escolares como una nebulosa bidimensional, girando y navegando por el neuma del infinito, un orden que se repite al dejar caer una gota de pintura sobre una superficie acuosa y esperar a que comience el milagro de la desintegración o reasociación de esa materia en el médium.

Circa 1940, alguien toma fotografías a su familia, en paisajes oníricos de la quinta región, quizá Quintero, o una excursión al cerro La Campana , algún embalse, la visita al sur, los retratos de rigor para eternizar el recuerdo y terminando abandonadas en una vereda de Valparaíso para ser vendidas a precio absurdo. Es un montículo de 100 negativos de 9 x 13 que dan cuenta de lo efímero de la memoria.

Estas dos experiencias, la de materializar los gestos del universo a la escala del papel y la de realzar el hallazgo de las fotografías en la cuneta, acontecen en el mismo día, casi simultáneamente, actualizando el gesto de presentar de una forma nueva aquello que estaba ahí inerte, sin voluntad propia ni destino, a la deriva, a lo fortuito. Los procesos continúan al tomar fotos digitales a esos negativos, sobre una mesa de luz, y al mismo tiempo rescatar las tramas cromáticas que han girado hasta determinar sus propias galaxias.

El tercer paso del proceso viene por sí sólo, la comunión de ambas texturas, una de luz, que ha plasmado las imágenes de personas sobre el celuloide y la de los universos. De ahí comienza el juego, como imitando el gesto del dios bíblico que crea el orden y luego al ser humano, con mandatos, condiciones, separando luz de la oscuridad, los animado de lo inanimado, las aguas de la tierra, y alegrándose de todo eso para contemplar desde la templanza de su séptimo día la armonía de lo creado.

Entonces aquellos que ya murieron resucitan frente a nosotros, viajando por espacios inconmensurables del averno, olimpos, cielos, infiernos y nirvanas, chorreando sombras, bajo cielos alterados por el dolor y la alegría, torciéndole la mano a los comandos de Photoshop , capas de tiempo y voluntad .

Alejandro Wagner


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