Quema/Merodeo/Numismática
El Cementerio de los Disidentes de Claudio Gaete.

“Para que algo permanezca en la memoria se lo graba a fuego;
sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria”
F.Nietzsche
Cuando Claudio Gaete me propuso presentar su libro, pensé en Nicanor Parra, en su camisa de once varas, pero como el libro me gustó y de alguna manera tuve también algo que ver en su publicación, estoy aquí entonces, para entregarles una mirada, una lectura de las variadas y múltiples que tiene el Cementerio de los Disidentes. Podría también hablar acerca de cuando conocí a Claudio por primera vez y cuál fue la impresión que tuve cuando escuché sus poemas, en una casa de Valparaíso con vista al puerto, a altas horas de la noche, con unos cuantos litros de vino encima; pero no quiero hacer biografía de esto, mejor vayamos a mi lectura sobre lo que nos convoca.
Para esta presentación y/o lectura del Cementerio de los Disidentes, me valdré de algunas estratagemas de merodeo, procedimiento que el autor cita y utiliza como (des)aproximación a la realidad.
Juan Cameron, comentó la poética del merodeo de Claudio Gaete, estableciendo que se trataba de una manera de desdibujar el objeto a través del entorno; la Rae (entre los tics del escritor) por otra parte, define que merodear, es vagar por las inmediaciones de algún lugar, en general con malos fines.
Por su parte, Italo Calvino, en sus Seis propuestas para el próximo milenio, apunta en su estudio de Carlo Emilio Gadda que “conocer es insertar algo en lo real y por lo tanto deformar lo real”. Merodeo entonces (no sé por qué se me viene a la cabeza el libro Criminal de J.Pinos); en la poética del autor que nos convoca, sería tal vez la instancia de vagar por una realidad objetiva erosionada y distorsionada por el sujeto, que puede traducirse en ocasiones en una cadena de impresiones de conciencia; o sea la relación del sujeto con el objeto a manera de distorsión, cambio o variación que en su radicalidad puede asociarse o no al Libro de Las Mutaciones, para decirlo en palabras simples: la transformación continua.
Claudio en un poema acerca del merodeo dice: Una Poética del merodeo, pensé/ como si lo mejor de nuestra película ocurriera durante los comerciales: Entonces la aproximación es la torsión del objeto, como decía, no el objeto mismo, como unidad acabada si no la contracara o el doblez de lo que se observa, lo que ocurre tras bambalinas. Ese es el procedimiento compositivo que el autor emplea para dibujar o quemar este libro. Por otra parte se me viene a la memoria el libro Merodeos en torno a la obra poética de Juan Luis Martínez (Intemperie ediciones, 2001), donde se conjuga el “merodeo” como asedio a un tema, en ese caso la obra de J.Luis Martínez, referente o luces dentro de este texto que Claudio nos presenta.
Asumida la estrategia del merodeo, vamos al libro: El Cementerio de los Disidentes a modo general se organiza de la siguiente manera: La poesía Chilena, El Cementerio de los Disidentes y La Novela de Saúl, consecutivamente. Tres grandes bloques o espacios de intercambio que a su vez contienen otras subdivisiones.
La Poesía Chilena, abre con el poema El Zarpe de la Mistral, texto que tiene como singularidad estos versos: si leyera esto a quien deseo/ pasaría toda la noche leyendo a la luz de un incendio/ un diario de espera cuyo manuscrito no sea distinguible. La imagen de leer a luz de un incendio podría asociarse de alguna forma al texto de Patricio Marchant Sobre árboles y madres que según Iván Trujillo concierne a cierta poética escritural de la quema como pérdida insoslayable del fundamento originario. De ahí tal vez que el autor escoja a la Mistral como punto de partida: La Mistral como lugar de origen y la escritura como quema de ese sitio primigenio.
Luego, Procedimientos Eutanásicos, que está dentro de la parte que le da nombre al título del libro, aparecen Tres óbolos, tres anillos de la palabra como apunta el poeta Cameron.
El Óbolo, una moneda de los antiguos griegos, de la que Gaete hace uso en su acepción Clásica como parte de la numismática y que hoy en día se refiere a tarjetas de crédito, bonos o cheques, etc. El sujeto gusta más bien hablar de óbolos, monedas, billetes. De ahí que una línea de lectura apunte hacia un área de intercambios, de medidas de valor: poemas, intertextos y/o (dis)torsiones de la realidad que se comercian o trafican a vista y paciencia del lector.
En el poema Acción De Gracias que constituye esta misma sección, dice:“ Luego yo existí/ como una conversación interrumpida por el ruido de las olas/ existí para devolver estas monedas a su dueño”, aquí se nos revela la dimensión de restitución que se encarna en la materialidad de la moneda, acaso dimensión o temple que el autor quiere darle al libro desde La poesía chilena hasta La novela de Saúl, devolver lo aprendido quizás de eso se trata, pero ¿en qué puede consistir esa vuelta de mano? cito: Verbos dormidos a la manera de un perro bravo o quizás sean esas monedas-poemas que son devueltas a su dueño, pienso. El poema siguiente Óbolo III señala:“Que la muerte propia es un detalle y/ no hay óbolo- poema bajo la lengua”. Este último verso nos introduce la variante de la tradición hebrea: óbolo- poema bajo la lengua y que se engarza al poema Schibboleth de Celán, (que por lo demás tiene la rareza de introducir las dos únicas palabras en español al parecer en toda su obra). Schibboleth, en hebreo, “espiga” o “torrente de agua”, que de acuerdo al libro de los jueces (12:4-6) era utilizado como contraseña(para identificar a los extranjeros, nos retrotrae al carácter migratorio de los judíos y su peculiar sentido de pertenencia, lo cual le da espesor identitario a esta sección del libro, que se vincula al Cementerio de los Disidentes de Valparaíso. Este valor de intercambio que pone en relieve lo mencionado es el poema o segmento a mi juicio de mayor belleza y consistencia, y que no por nada tiene un epígrafe de Leopoldo María Panero; De lo que va es de un cierto paso y que se entrelaza con el Schibboleth anteriormente mencionado. Vayamos al poema: “De lo que va es de un cierto no, de lo que va es de un cierto paso/ el mapa del merodeador dibuja mapas de merodeadores/ telarañas de tinta sobre un aire/ una página de gotas frías de aire mancha/ el mapa miope dibuja mapas miopes/ telaraña de bruma sobre la tinta/ una página espesa de ciudades sobre puestas/ deshace el mapa y disgrega lo deshecho y desnuda/ la corriente arrastra el mapa y los idos la cabalgan/- a esa hora/ justo a esa hora/ el merodeador espera por ti/ schibboleth/ dónde tu sabes”
De esta manera vemos que el merodeo, el deambular del sujeto, pasa necesariamente por la contraseña del lugar de paso, Schibboleth, entonces el autor con pericia aclara el espacio de intercambio. La numismática de estos espacios o medidas de pago, son valores que se transan en el mercado libre llamado El Cementerio de los Disidentes, en palabras del propio autor El Navegante se sabe auspiciado por Oblivion; esta sección, de las variadas que tiene el libro, termina con un epitafio como lápida de una fase interna del recorrido, pero además nos instala en la inscripción como idea, como simbología, epigrafía, todas relacionadas con la ciencia de las monedas.
Claudio Gaete, al final de cuentas, nos presenta un merodeador inteligente, un sujeto que disgrega por momentos, pero que tiene todo un programa estipulado que está dispuesto a llevar acabo (valga la rima) y que desemboca en la fase final del libro llamada La novela de Saúl que a simple vista parece ser un añadido del texto, pero si somos fieles a la metáfora de la moneda como valor de intercambio dentro de la numismática, Saúl a mi entender, además de ser el último disidente, el aparte del aparte, es una inscripción urbana que nos negamos a ver y que el autor desarrolla en esta sección con cierto dramatismo.
Entonces: ¿Qué relación tiene, la numismática, la poética del merodeo y la poética escritural de la quema, que hemos intentado despejar en este breve comentario y según creo articulan este texto? El particular entre ellas, lo que funciona como eje es el no lugar, el desasosiego, la composición textual vista como valores de medidas intercambiables que transitan un espacio que a su vez está en constante movimiento. Por ejemplo, Óbolo V: “Quise cruzar el río/ y a mitad del camino/ la corriente me llevó”
Para terminar y ahora sí para terminar, decir, que Claudio Gaete ha escrito un libro de prosa excéntrica y de alto vuelo conceptual, que sólo podría ser comparado con los más sobresalientes de poesía de los últimos años, dada su madurez y estudiado oficio. Por otra parte, su artesanía poética se posiciona en un lugar único dentro de una generación de poetas jóvenes, que junto a Diego Ramírez, Héctor Hernández y Alejandra González pasan a ser las cabezas más visibles de los llamados novísimos. Cuatro poetas singulares, distintos entre sí, que coincidentemente han sido publicados bajo el sello editorial del Temple, que con ésta publicación número 21 consolida su labor editorial al fomentar las nuevas voces de la poesía nacional.
David Bustos
Texto de presentación del libro.
La Chascona. Viernes 5 de Mayo de 2006.
